Ópera y robots – John Machover | QUO

El año pasado escribí una nota sobre “Death and the Powers”, la extraña ópera con robots del compositor John Machover. Fui a ver la ópera al Teatro Majestic, de Boston, y me gustó mucho. Después escribí una nota para la revista QUO. Este es un fragmento:

Dos horas antes de la función, Machover me pasó a buscar por la puerta del teatro y cruzamos la calle, sacudidos por un viento helado e insoportable, hasta un pequeño restaurante tex-mex con asientos de plástico y luces de neón llamado “María’s Tacos”. Machover pidió un burrito de pollo con crema agria y guacamole y una Diet Coke. Tenía puesta una chaqueta negra, una camiseta negra y jeans y botas negras: el uniforme del artista bohemio para ocasiones especiales. Machover es bajito y eléctrico: tiene dos ojos azules que se mueven sin parar y una corona de pelo castaño largo y salvaje, completamente fuera de control. Habla tan rápido y toca tantos temas al mismo tiempo que después de unos minutos de conversación me pidió, con el burrito entero en la mano: “Disculpa, ¿puedo parar un minuto a comer un poco?” Tras probar y masticar dos bocados, siguió: “Un escenario que se mueve también es un robot. No me interesa tanto el asunto de que los robots puedan reemplazar a los humanos, o convertirse ellos mismos en humanos. Me interesa más qué puede ocurrir cuando el mundo físico a nuestro alrededor se vuelve animado, y cuál es el límite entre los humanos y este mundo físico inteligente”.

La ópera empieza y termina con robots, pero está claro que su interés principal son los humanos. El mercadeo y la publicidad de “Death and the Powers”, incluyendo su subtítulo, han puesto mucho énfasis en la yuxtaposición de “robots” y “opera”, y Machover dio a entender en nuestra charla que eso no le había gustado mucho. Viendo la ópera, un par de horas más tarde, era fácil sobre por qué. Los robots funcionan como una especie de coro griego, comentando la acción de los otros personajes, pero el corazón del director está con sus protagonistas humanos. En la primera escena se preguntan los robots, solos sobre el escenario: “¿Qué es esto de la muerte?”, “¿Es un desperdicio, es entropía, es información reasignada?” Según el argumento de la obra, los robots heredaron el Planeta Tierra de los humanos en un futuro no muy lejano, y están leyendo los rastros dejados por Powers. Por eso se preguntan por nuestras emociones: “¿Sufrimiento? ¿Qué es eso? ¿Por qué alguien elegiría sufrir?”, dice uno de ellos.

Esta primera escena emparenta a la ópera de Machover con los textos clásicos de ciencia ficción de Arthur C. Clarke y sus robots melancólicos, que envidian o desean ser un poco más humanos. Cuando en “2001: Odisea del Espacio”, la novela de Clarke y la película de Kubrick, la supercomputadora HAL9000 dice, inolvidablemente, “Tengo miedo, Dave, tengo miedo”, es imposible no ver esa melancolía y ese deseo. Pero Machover está interesado en la dirección contraria: no quiere máquinas con sueños de ser humanos sino que quiere humanos, como Powers, con sueños de ser máquinas.

El resto del texto está acá, en este PDF.

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