Calamaro en Nueva York | La Nación

Fui a ver a Andrés Calamaro, escribí esta crónica para La Nación:

El recital de Andrés Calamaro en Nueva York de anteanoche tuvo tres tercios definidos: una primera parte sobria y algo aburrida, una segunda chispeante y encantadora, y una tercera borracha y papelonera, en la que Calamaro terminó con los pantalones en las rodillas y tirado en el piso, improvisando boca abajo una versión chapurreada de "Que me pisen", de Sumo.

Un rato antes, Calamaro había consultado con las 1200 personas que habían llenado el teatro Irving Plaza si debía seguir tomando tequila o si debía parar. Quiso que la gente aplaudiera un supuesto "tequilómetro" contra otro "glamurómetro". Explicó: "Si aplauden fuerte al glamurómetro, entonces quiere decir todavía estamos en buen estado y podemos seguir tomando tequila". Pero el público, como el de cualquier recital, aplaudía todo, sin entrar en sutilezas. Calamaro leyó el resultado como una autorización a seguir tomando.

Es una pena que haya sido así, porque de ahí en más el recital, el tercero de su primera gira por Estados Unidos (esta noche toca en Miami), desbarrancó hasta perder casi toda su gracia. Los jóvenes y no tan jóvenes latinoamericanos que habían pagado 62 dólares para verlo -muchos argentinos, pero también muchísimos colombianos- mantuvieron su entusiasmo durante todo el set, pero después, en la vereda de la Calle 15 de Manhattan, mientras fumaban o se mostraban fotos recién sacadas, comentaban con divertida perplejidad la última media hora de Calamaro. Sobre todo comentaban el momento, durante "Crímenes perfectos", en el que el ex líder de Los Rodríguez se puso de espaldas, desabrochó sus pantalones, se encorvó hacia adelante y ofreció al público sus nalgas pálidas y huesudas. "¡Y peludas!", comentó Natalia, una admiradora colombiana.

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