Auotbiografía de Mark Twain | La Nación

En la tapa de ADN Cultura hay una nota mía sobre la "nueva" autobiografía de Mark Twain:

Un capítulo típico de la paquidérmica autobiografía de Mark Twain, editada hace un par de meses en Estados Unidos, empieza así: "Ayer encontré un recorte de prensa en el bolsillo de una carpeta olvidada". El papelito, amarillento y arrugado, había sido publicado cuarenta años antes en un diario llamado Philadephia Press y contenía un comentario elogioso sobre la inteligencia y el carisma de Samuel Clemens, el autor estadounidense que firmaba sus libros como Twain. "Lo voy a copiar aquí", escribe Clemens inmediatamente después y, en efecto, transcribe el articulito.

Más que una autobiografía, el tomo publicado en noviembre por la editorial de la Universidad de California -ochocientas páginas que en la balanza del baño de casa pesaron 1,8 kilos- parece la crónica de un fracaso: Clemens intentó escribir sus memorias durante más de 40 años y nunca pudo hacerlo. Las empezó y las abandonó decenas de veces: primero intentó escribirlas, pero se aburrió rápido, y después intentó dictárselas a una sucesión de secretarias jóvenes a las que les hablaba cada día durante horas, a veces de su vida y a veces de lo primero que se le cruzaba por la cabeza.

Al final quedó más o menos conforme con el resultado, pero igual exigió que sus esfuerzos autobiográficos sólo fueran publicados después de 2010, en el centésimo aniversario de su muerte. Sus parientes y albaceas no le hicieron mucho caso, porque publicaron (en 1924, 1940 y 1959) tres versiones de muchos de estos textos, pero eran versiones censuradas o mutiladas de diversas formas: esta edición nueva está considerada la versión definitiva de las memorias de Twain, una ventana que nos muestra más sobre su cerebro que sobre su vida.

Leídas cien años más tarde, algunas de estas entradas (ordenadas y compiladas por fecha, como un diario íntimo) sorprenden por su tono conversacional, anárquico y espontáneamente literario, casi como el de un blog, género malquerido por la crítica pero en el que Twain seguramente habría brillado. La entrada transcripta en el primer párrafo ilustra este talante juguetón y resignado: el autor venía contando su infancia en el caserío rural de Hannibal (Misuri), y de pronto le pareció que la mejor manera de continuar sus memorias era transcribiendo un parrafito halagador sobre sí mismo publicado casi medio siglo antes. (Lucio V. Mansilla, contemporáneo de Clemens y paladín criollo del ensayo instantáneo y aparentemente inútil, habría sido también un bloguero punzante y aleatorio.)

[ El resto, acá. ]

 

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