Eclipse de Gol | Mediotiempo

Estoy desde hace unos días escribiendo un diario del Mundial en Mediotiempo, el principal sitio de deportes de México. El diario se llama "Eclipse de Gol" y desde hace un rato está online su cuarta entrada, que empieza así:

Los sábados ya no son para dormir: esta mañana estaba arriba a las siete
y cuarto, aterido y anestesiado, abrazado a una taza de café,
intentando entusiasmarme con el ballet moderno de los surcoreanos y el
ballet cavernícola de los griegos, que parecían igual de dormidos que
yo. Los coreanos les pasaban zumbando por los costados, combinando bien
entre ellos, y los griegos apenas si podían responder, pesados y
espesos, malhumorados y quejosos ante el bailoteo saltarín de sus
rivales. Después el partido se fue durmiendo –los propios griegos, que
iban perdiendo, le cantaban canciones de cuna– y lo mismo me pasó a mí,
que me desperté de una siesta involuntaria en el minuto cuatro del
segundo tiempo. Poco después volvió a equivocarse un defensor griego,
como si tuviera un garrote y no un pie, Ji Sun Park cruzó la bola como
si lo hubiera hecho un millón de veces y asesinó el partido, que ya no
tuvo casi ningún interés. Los griegos parecían venir de la cuna de la
civilización, pero no de Atenas, sino de Cro-Magnon: no sólo eran
barbudos y pelilargos y tenían los ojos negros bien hundidos detrás de
los pómulos; ni siquiera tenían una táctica que fuera un poco más
ilustrada que lanzar pelotazos de 60 metros desde su propia área hasta
el cráneo deforme de su único delantero. No pueden, ni deberían, llegar
muy lejos los griegos en el Mundial: aun si en los próximos partidos se
disfrazaran de modernos y sonrieran y se pasaran la pelota entre sí, una
actuación como la de hoy merece el destierro, aunque más no sea por
razones estéticas y morales; no se puede jugar un partido de Copa del
Mundo, esperado durante años por sus hinchas y durante siglos por sus
filósofos, tan miserablemente y con tan poca actitud.

La intención es ver los 64 partidos y escribir todos los días hasta el martes posterior al final. La tercera entrada, publicada ayer viernes, empezaba así:

Esta mañana me levanté temprano, desayuné, me duché y me vestí como si
fuera un día cualquiera antes de ir a trabajar; pero en vez de girar
hacia la calle y hundirme en el subterráneo, giré hacia el living de mi
casa y me hundí en el sofá frente al televisor, donde bandadas
multicolores y sonrientes revoloteaban alrededor de un atril en el
Estadio Soccer City, en Johannesburgo, y decenas de miles de personas
celebraban en las tribunas, contentas de que por fin la Copa llegara a
África y sin ponerse a pensar, todavía, en qué van a hacer dentro de
unos meses con tantos estadios vacíos. Terminó la ceremonia de apertura
–agradable y previsible, como casi todas las ceremonias de apertura–, se
calló el circo, se encendió el trueno de las vuvuzelas y apareció
México, el convidado de piedra, para intentar arruinar el cuento de
hadas.

Ahora faltan nada más que 30 días.

Advertisements
1 comment
  1. sl said:

    deciles que pongan un feed específico para tu entrada, o al menos para los editoriales!!!
    abrazo