Cozarinsky y Yo

Me había quedado colgada esta frase de Edgardo Cozarinsky en Ñ, la semana pasada, que me parece muy buena:

Para mí, la primera persona es un modo muy modesto de escribir: no se está dictaminando ninguna verdad general, ni sugiriendo un punto de vista divino. Es la experiencia de una persona que se asume en ese yo sincero y humilde. La intimidad, lo vivido, creo que son el material que uno usa para elaborar algo, pero lo que me interesa es su elaboración. No creo para nada en la confesionalidad cruda. Todo lo que uno escribe viene, evidentemente, de algún fondo oscuro, barroso, pero que puesto en primer plano no me interesa. Es la materia prima, y para mí sólo existe para ser elaborada.

Pienso y siento exactamente lo mismo. En los últimos años, burlarse de la primera persona literaria se ha convertido en una especie de deporte literario en Buenos Aires. Nunca entendí por qué: leía las explicaciones y los alegatos y no entendía ninguno. Decían los fiscales, por ejemplo, que la primera persona es narcisista. Y a mí, aunque reconozco que hay un riesgo del derrape narcisista, me parece justamente que la primera persona, como dice Cozarinsky, es modesta y humilde. Yo escribo mis libros en primera persona porque sé que en el fondo lo que estoy ofreciendo es una mirada, la mía, sobre ciertos sujetos (banqueros, Miami); es una mirada documentada, argumentada y a veces peleona, que quiere convencer a otros o hacerlos cambiar de opinión, pero una mirada que acepta la existencia de otras. A veces leo libros o artículos en tercera persona, supuestamente no narcisistas, en los que los autores pontifican arbitrariamente y sin ningún tipo de modestia sobre asuntos que no controlan del todo y sobre los que deberían, si fueran honestos, hablar un poco más en primera persona.

En fin, para la tribuna: viva el yo. Viva yo.

(Hoy, curiosamente, Damián Tabarovsky, que hace no mucho dijo que el yo literario era neoliberal, elogia a Cozarinsky por cosas que dice en la misma entrevista de Ñ.)

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1 comment
  1. DF said:

    No sólo modesta y humilde, es también más arriesgada que la tercera persona. El cuero propio es el que va sobre el potro, che