Rubio y Caballero (Alejandro y Roberto)

Me quedaron colgados un puñado de links de la semana pasada. Primero quiero recomendar esta crítica de Alejandro Rubio en Los Inrockuptibles, sobre un libro de Martín Prieto, que termina así:

El libro amaga pero no arranca. Desgraciadamente, como los demás
libros del autor, éste parece escrito con un miedo atroz a mandarse una
cagada. Para tranquilidad de Prieto, a esta altura, nadie pensaría eso
de él.

Ojalá hubiera más críticas así: no (necesariamente) crueles-negativas, pero sí directas, conversadoras, informativas, no-poéticas.

Otra cita: Artemio López publicó el otro día una diapositiva de un estudio de SEL Consultores en la que "empresarios argentinos" decían que sus mayores preocupaciones eran, en este orden: la inflación, los conflictos políticos, la inseguridad jurídica y la inseguridad ciudadana (delincuencia). Artemio se sorprendía de que el tema de la delincuencia no estuviera más arriba: 

Contra todo lo que se deduce de aquello que publica habitualmente la prensa y agita el discurso de derecha tradicional, la inseguridad no es [al menos para los empresarios seleccionados por SEL] el principal problema del país.

Qué raro, pensé cuando leí esto, porque yo tenía la sensación de que en los últimos meses los medios habían estado bombeando bastante poco el inflador de la inseguridad. La última vez que estuve en Buenos Aires, en febrero, me sorprendió lo poco que se hablaba en la calle y en la radio y en la tele de los afanos y del miedo a que pasara algo. ¿No tiene Artemio el oído lo suficientemente fino como para detectar una cosa así? Es más, las únicas olas relevantes con el tema de la inseguridad en las últimas semanas las hizo Daniel Scioli, y provocadas más por la necesidad de sobreactuar su rol de hombre duro ante la aparición de uno o dos "casos resonantes".

Pero no me parece que estemos viviendo uno de esos períodos de frenesí y anarquía un par de meses por año, más o menos, en cada uno de los últimos nueve o diez años en los que, según la sensación térmica, los chorros están a punto de comerse crudos a los bebés de la clase media.

Qué más. Ah, sí, Tiempo Argentino. Veintitrés publicó el otro día una entrevista con Roberto Caballero, director del nuevo diario del Grupo Spolski, en la que el tipo decía que su diario no iba a ser independiente:

“¿Independiente de qué? Nosotros estamos comprometidos con la verdad y con el equilibrio.

Hace un par de semanas, en su discurso en los Martín Fierro, Eduardo Aliverti había dicho algo parecido, algo así como que su programa "de independiente no tiene nada". (Suspiro.) La idea de independencia en el periodismo está en horas bajas: como el kirchnerismo y sus vecinos ideológicos han estado diciendo todos estos años que la independencia no existe, que si uno trabaja en una empresa es sí o sí un soldado de su patrón o su jefe político, entonces los periodistas kirchneristas y sus vecinos ideológicos han terminado rechazando la etiqueta aún para ellos mismos.

Lo raro es que Caballero rechaza la etiqueta de independiente e inmediatamente después se describe a sí mismos con palabras que son sinónimo de independencia, como verdad y equilibrio. Quiero rescatar aquí, en este humilde acto, al viejo y manoseado y cascoteado concepto del "periodismo independiente". ¿Independiente de qué?, se pregunta Caballero. Acá va la definición, para que la cuelgue si quiere al lado del retrato de Eva Perón que colgó "en todas las oficinas que le tocó ocupar": ser independiente es ser razonablemente independiente de los accionistas de la empresa o de los jefes políticos. Digo "razonablemente" porque así es como funcionan las cosas en la vida real: negociando, empujando a veces y dejando que te empujen en otras. Cuando Caballero dice que no es independiente, entonces, uno puede entender que sus críticos tienen razón: que Tiempo Argentino es un proyecto más político que periodístico, "dependiente" de sus jefes.

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1 comment
  1. Pechemos que ganamos medio metro, hernanii
    Abrazo