Falco Driver

Terranova las tuitea y yo las leo casi todas. Esta semana le tocó responder las 25 preguntas a Federico Falco, escritor cordobés que está viviendo-estudiando en Nueva York. Me pareció buenísima y me sentí identificado con esta pregunta-respuesta:

¿Qué te gusta cocinar?
Muchísimas cosas. Todo, menos los postres. Del resto,
cualquier cosa, a
sola condición de tener un vaso de vino cerca y buena música. Me gusta
cocinar
a principios de mes, cuando se puede planificar y hacer la compra
abundante y
con los ingredientes apropiados, pero más me gusta cocinar hacia fin de
mes,
cuando hay que explorar las alacenas y la heladera y armar lo que sea
con lo
que haya.

Yo también soy un cocinero de-fin-de-mes, mucho mejor en la supervivencia que en la abundancia. Mucho mejor saltando morrones viejos con huevos crudos y salchichas polacas del freezer y una salsa china rescatada de un rincón que siguiendo una receta o buscando esa alquimia milagrosa que algunos obtienen cuando cocinan.

Esta respuesta me gustó menos:

¿Qué historias se cuentan ahora en Nueva York?
Supongo que se cuentan muchísimas cosas pero uno se entera de pocas. En general, escucho bastante seguido historias sobre lo linda que era la ciudad antes de la limpieza de Giuliani y el maquillaje a la “Sex and the city”. Abundan las quejas sobre los precios excesivos de los alquileres y sobre como Manhattan expulsa a la gente más interesante.

Yo soy uno de los que se mudó de Manhattan a Brooklyn porque no podía pagar los alquileres que me pedía Manhattan para los metros cuadrados que necesitaba para vivir. Sin embargo, no me atrevería a sostener (sobre todo porque no estaba) ni he escuchado a nadie decir que Nueva York era más "linda" hace 20 años que ahora. Se puede decir que era más sórdida, más impredecible o más "interesante": pero nunca más linda. Algunos de los lugares más vibrantes o "lindos" de la ciudad hoy (Bryant Park, Central Park, el Lower East Side, Tribeca) estaban en ruinas o semi-abandonados o tomados por el crack en los '70 y los '80.

Llevo años leyendo sobre la historia reciente de Nueva York, que me parece extraordinaria –me parece extraordinaria la historia de la ciudad y también me parece extraordinario cómo esa misma historia es contada y recontada todo el tiempo por las revistas y los diarios y los escritores en sus libros–, y la actitud más habitual entre los neoyorquinos de ahora es un poco de nostalgia, pero sólo un poco, mezclado con mucho de alivio y entusiasmo por el estado actual de su ciudad. Hasta los '90, Nueva York perdía habitantes, era una de las ciudades más violentas de Estados Unidos y estaba semi-quebrada. Era paranoica y traicionera: Taxi Driver. La Nueva York de ahora es más un poco más homogénea y satisfecha de sí misma, pero también es una ciudad mucho más segura, más integrada y más alegre.

A mí me gustó mucho cómo hace poco la revista New York, la mejor revista para chupar un poco del pulso y el ritmo de la ciudad, comparó los apagones de 1977 y 2003 y cómo reaccionó la gente: en 1977 hubo saqueos y afanos y desintegración social; en 2003, hubo picnics y velas y guitarritas en los parques. No sé cuánto de esto es mérito de Giuliani (creo que bastante poco), pero sí creo que es un avance. Por ahí para Falco, como para  otros porteños que han dicho cosas parecidas sobre la Nueva York reciente (el silogismo, a veces, es: Nueva York es ahora más rica y capitalista que en 1980; ergo, es peor), eso no es un avance: hay mucha gente que ve más y mejor energía social en una turba enfurecida que en mil personas comiendo pita y hummus en un parque público viendo Taxi Driver gratis en una pantalla gigante, como hicimos otros 999 y yo una tarde del verano pasado en Brooklyn. Yo soy un ingenuo: yo me quedo con el parque.

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