La muerte de Rapunzel | Esquire

El 28 de junio de 2008 era un sábado nublado y caluroso en Nueva York. Ruslana Korshunova despertó y pasó la mañana hablando por teléfono con amigas y su novio, con quien se puso de acuerdo para ir a una fiesta por la noche. En algún momento de la tarde, posiblemente entre las 2 y las 3, Korshunova trepó al balcón de su departamento del Distrito Financiero de Manhattan, saltó hacia el edificio en construcción vecino y caminó sola, entre las vigas desnudas de acero y hormigón, por motivos que aún nadie alcanza a comprender. Fue hasta las ásperas escaleras de cemento, subió tres pisos, probablemente raspando sus pies descalzos, y caminó hacia el borde de la plataforma desprotegida. Pasó por encima de una pequeña valla de cables y cintas y quedó de frente al vacío, 50 metros sobre la calle Water.

Quizá tomó aire para darse fuerza; quizá dudó unos minutos mientras disfrutaba el aire húmedo del verano. Finalmente se dejó caer. Ruslana Korshunova, una de las modelos de alta costura más prometedoras del mundo y portada de revistas como Vogue y Elle, murió en el acto, a consecuencia de las heridas provocadas por el impacto, seis días antes de cumplir 21 años.

O quizá no. Tal vez ocurrió otra cosa. Probablemente, como afirman amigos y familiares de Korshunova, esta versión, entregada por la policía de Nueva York, sea falsa. Quizá alguien saltó desde la obra en construcción hasta el balcón de la modelo, logró someterla, drogarla o convencerla para ir al otro lado y la empujó al vacío. O quizá dos hombres ingresaron al edificio —aunque el portero asegura que nadie entró ni salió en las horas alrededor de la muerte—, arrastraron a Ruslana por la terraza hasta la obra en construcción y desde ahí, siguiendo órdenes de personajes que nadie se atreve a mencionar en voz alta —¿mafia rusa?, ¿redes de prostitución?, ¿prestamistas enfurecidos?—, la arrojaron al asfalto de la calle Water, a unos metros de Wall Street, el corazón financiero de Estados Unidos. O quizá el oscuro y sórdido Mark Kaminsky, último novio de Ruslana tuvo algo que ver con su muerte.

Éstas son algunas de las hipótesis que defienden o imaginan quienes aseguran que la modelo rusa-kazaca no se suicidó, sino que fue asesinada. En las semanas posteriores a su muerte proliferaron, en Internet, foros en inglés y en ruso, con todo tipo de teorías conspiratorias y análisis de pruebas para intentar encontrar algo que convenciera a la reticente policía neoyorquina de reabrir el caso. Sin embargo, hasta la fecha no parecen estar cerca de lograrlo.

Dos meses y medio después del suceso, Artem Perchenok se encuentra parado fuera de su oficina ubicada en un barrio industrial de Brooklyn, Nueva York, en el medio de una pequeña calle cortada a la izquierda por una autopista y a la derecha por las ruinas de un viejo astillero de la Marina de Estados Unidos. Es una calurosa mañana de septiembre y Artem, sujeto bajo pero fibroso y con el pelo rubio cortado casi al ras, admite que aún tiene problemas para dejar de pensar en Ruslana, su novia por dos años, hasta octubre de 2007 y a quien vio un día antes de su muerte. “Me mantengo ocupado todo el tiempo”, asegura. “Es mi manera de salir adelante con el duelo. Intento no tener tiempo para mí mismo, porque en cuanto me desocupo me pongo a ver fotos y videos viejos, a revisar cartas, y eso no me hace bien”.

Perchenok, quien nació en Moscú y se mudó con su familia, de pequeño, a Estados Unidos, es el dueño y único empleado de Chase Fire Products Inc., una compañía que instala y da mantenimiento a alarmas y extintores en empresas. Lleva una playera azul con el
logo de su compañía, jeans azules y botines de cuero cafés. Su oficina se encuentra frente a un garage donde estaciona la camioneta con la que visita a los clientes, y al fondo hay una habitación alfombrada con un pequeño escritorio. Colgado en la pared hay un póster de Ruslana en una publicidad de la marca de cosméticos francesa Clarins. “No hay forma de que haya sido un suicidio”, dice Perchenok, cuyo nombre de pila, Artem, se pronuncia más o menos como Artióm. “Yo estuve con ella esa madrugada, yo sé bien que ella
nunca podría haber hecho algo así”.

Durante la primera semana de julio, la muerte de Korshunova estuvo en las portadas y las secciones más importantes de los diarios populares de Nueva York. El Daily News y el Post elaboraron hipótesis de todo tipo —sectas demoníacas, drogas desconocidas, mafias multinacionales— y le dieron voz a cualquiera que gritara “¡Asesino!”. Mientras tanto, la prensa más seria, ofrecía un contexto sociológico-comercial para acusar a la industria de la moda de explotar y humillar a las modelos adolescentes llegadas de todo el planeta y de arrojarlas —como si fuesen inmigrantes traficadas en barcos cargueros— en departamentos sucios y oscuros. “El terrible mundo del modelaje: drogas, violaciones, depredadores, aislamiento”, tituló la cadena abc a uno de sus informes sobre la vida de las modelos, poco después de la muerte de Korshunova. “Es una industria con procedimientos amorales”, comentó enseguida la autora del blog anónimo Modelslips, una modelo que firma con el seudónimo de Tatiana. Los medios ponían tanto énfasis en la vida invertebrada de estas adolescentes —alimentadas con cocaína y cigarrillos, delgadas hasta la transparencia, solas y deprimidas al punto de entregarse mansas a los banqueros cuarentones que las desean como trofeos—, que por un momento pareció que Ruslana tenía esa misma vida y que había sido justo esa vida, en una espiral fuera de control, la que la había llevado al edificio en construcción y al borde mismo del abismo.

[ El resto de la nota, publicada en el número de noviembre de Esquire México, está en este PDF livianito (400kb). ]

 

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5 comments
  1. Hernán, qué buena pluma. Da gusto leerte, me muero de envidia!
    Abrazo

  2. Las personas que presentan sonambulismo (un trastorno del sueño clasificado como parasomnia), también llamado noctambulismo, desarrollan actividades motoras automáticas que pueden ser sencillas o complejas. Un individuo sonámbulo puede salir de la cama, caminar, orinar o incluso salir de su casa, mientras permanecen inconscientes y sin probabilidad de comunicación. Es difícil despertarlos aunque, en contra de lo que se cree comúnmente, no resulta peligroso. El sonambulismo se produce durante las fases 3 o 4 del sueño, es decir, la etapa denominada sueño lento o sueño de ondas lentas (SOL) (véase electroencefalograma o polisomnograma). Es más frecuente en niños y adolescentes. Por lo general, los episodios son aislados, aunque pueden tener un carácter recidivante en el 1 al 6 por ciento de los pacientes. Su causa es desconocida y no existe ningún tratamiento eficaz. A la persona que presenta estos síntomas se le denomina sonámbulo o sonámbula.
    Se cree, erróneamente, que el sonambulismo es la conversión, en el estado de vigilia, de los movimientos físicos que efectúa el individuo en las escenas que está realizando durante su ensoñación (véase sueño). Pero la realidad es que el sonambulismo se presenta durante las horas de la noche en las que aún no se ha presentado la etapa o fase de movimientos oculares rápidos (véase MOR o REM), que es aquella en la que sí suelen presentarse las imágenes oníricas.

  3. Artem, se pronuncia más o menos como Artióm. “Yo estuve con ella esa madrugada, yo sé bien que ella nunca podría haber hecho algo así”.

  4. I think to not have a woman on the Legislative Council is tantamount to disregarding the views of close to half the population of Brunei Darussalam.