Wall Street – Hecho Bolsa | Rolling Stone

Matías se sienta en una mesa del café donde quedamos en encontrarnos y una de las primeras cosas que dice, antes de que le pregunte nada, es: “A mí me van a echar”. Lo miro unos segundos y después le pregunto si está hablando en serio. “Bueno, todavía no nos dijeron nada. Pero estoy seguro de que nos van a echar, a mí y a los que trabajan conmigo. Mi jefa ya nos recomendó que habláramos con nuestros abogados para ver nuestra situación por el tema de la visa”. Matías –que no se llama Matías pero me rogó, como los otros cuatro argentinos de Wall Street con los que hablé para escribir esta nota, que por favor no dijera su nombre ni diera demasiadas pistas sobre su laburo– está buscando trabajo en Buenos Aires: no sabe bien dónde, porque el tamaño del mercado laboral financiero de Buenos Aires es mínimo, pero sabe que su experiencia neoyorquina, menos de tres años después de iniciada, está a punto de terminar. Matías trabaja en el área de mercados emergentes de uno de los cinco grandes bancos de inversión que había en Wall Street hasta septiembre (de los que ahora quedan, y en no muy buenas condiciones, dos). Su objetivo inmediato es, como el de todos sus colegas con miedo de quedar en la calle, llegar con trabajo al 8 de noviembre, el día a partir del cual los bancos están obligados a pagarles entero el bono de fin de año, cuyo monto se decide entre noviembre y diciembre y se paga de un saque en enero. Para alguien que trabaja en Wall Street, el bono, o bonus (algunos lo dicen en castellano, otros en inglés), puede ser hasta cinco o seis veces más grande que su sueldo. “Vivir con el sueldo, ahorrar el bono”, dicen siempre los banqueros, pero en los últimos años muchos de ellos no han obedecido su propio consejo y han usado los bonos de 2005, 2006 y 2007, jugosos, gorditos, para meterse en gastos –autos, hipotecas, departamentos en Buenos Aires– que ahora quizás tengan problemas para mantener.

Después de cinco años de borrachera –de plata fácil y crédito para todo el mundo–, Wall Street está lista para la resaca. Ya se mareó, ya cantó y ya exaltó su amistad con el mundo; ya se quedó dormida boca abajo en el sillón y vomitó hipotecas podridas en un balde de plástico. Ahora le duele la cabeza y siente un poco de vergüenza, porque ha venido papá, el Estado, a rescatarla y recordarle sus pecados recientes. Pase lo que pase en los próximos meses –nadie sabe: quien pronostica, estafa–, esta crisis de septiembre-octubre será abrochada en los calendarios como la más profunda y la más intensa desde el crack de 1929: nombres históricos como Lehman Brothers y Bear Stearns han dejado de existir y otros, como Merrill Lynch, han tenido que fusionarse dentro de mamuts mayores. Ya no habrá más bancos de inversión, la columna vertebral y el cerebro de Wall Street. Más de 50.000 personas perderán sus empleos financieros en Nueva York, donde el aire huele inequívocamente a fin de época. Fue raro y electrizante y odioso mientras duró: una ciudad burbujeante de velocidad y vértigo, optimista pero impiadosa, próspera pero exhibicionista.

[ El resto de la nota, publicada en el número de noviembre de Rolling Stone, está en este pdf livianito (330kb). ]

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7 comments
  1. Pichi said:

    Ahora que se puede comentar, feliz cumpleaños, papá! Abrazo

  2. La Garza said:

    Buenísimo Hernanii… tenés la pluma, posta. Saludos de un colega (mucho más chico) de la Austral.

  3. Juan Diblasi said:

    Excelente, una continuación de los Golden Boys. A propósito con lo que ha pasado este año, ya da para escribir los Golden Boys II.
    Un abrazo desde Mendoza.

  4. Helene said:

    I feel so much haipper now I understand all this. Thanks!

  5. Guillermo said:

    Me está gustando el articulo pero ya no está el pdf con la nota entera! El link caducó. Favor pasar un nuevo link.

  6. Hernanii said:

    Gracias, Guillermo, por el aviso. Ya corregí el link.
    h.