Hernanii likes bananas | TP

Estoy un poco de mal humor porque me acabo de poner medias y saquito, primera señal de que el verano se está terminando y de que el Hemisferio Norte ha iniciado su parte más deprimente del año, el descenso penoso y deprimente hacia la oscuridad, el frío y la vida en voz baja. Es terrible. En Buenos Aires no se siente tanto, porque el otoño siempre da revancha y hasta el invierno cada tanto da alegrías. Acá no: el final de agosto y el principio de septiembre son tristes porque son el principio de 100 días en los que mañana será peor que hoy, y hoy es peor que ayer.

No pensaba todavía en el clima –obsesión burguesa que en esta época del año comparto con los londinenses y los moscovitas, entre otros desgraciados– cuando el otro día, la penúltima noche de los Juegos Olímpicos, estábamos con mi mujer, en remera y ojotas, mirando una de las últimas noches de los Juegos Olímpicos y de repente, casi como a propósito, empezaron a mostrar, una atrás de otra, medallas para Rusia en pruebas de atletismo. Las minas de los 4×100 planos, las otras que sacaron plata en el 4×400, una que se llamaba Olga que ganó los 20 kilómetros de marcha. Rusia, después de un comienzo flojo, estaba terminando los Juegos en un muy digno tercer puesto en el medallero, detrás de China y Estados Unidos.

Mi mujer, que nació en Moscú a principios de los ’70 y vivió ahí hasta principios de los ’90, no podía entender cómo los rusos seguían andando tan bien en los Juegos Olímpicos.

–Cuando yo era chica, lo mejor de ser atleta era que cada tanto podías salir del país. En los entrenamientos los cagaban a palos, pero por lo menos viajaban. Y estaba claro que ésa era una parte importante de su motivación. Por eso no entiendo a los atletas rusos de ahora, ¿para qué se rompen tanto el lomo si ya pueden salir del país?

Justo después apareció en la pantalla el cubano que ganó los 110 metros con vallas, un tipo medio agrandado que corría con anteojos, les ganó a todos por afano pero ni festejó, porque aparentemente, según el comentarista gringo, el cubano quería ganarle a un chino que era favorito y que se había lesionado el día anterior. A los cubanos no les fue muy bien en Beijing –dos medallas de oro contra nueve, once y nueve en los tres juegos anteriores– pero siguen siendo con diferencia el mejor país de América Latina en los juegos, aun siendo poquitos y más bien pobres.

Comments are closed.