Cuando empecé a escribir el post anterior, tenía los tres puntos clarísimos en mi cabeza. Mientras escribía el primero, se me olvidó el tercero. Disimulé su ausencia sacándome otros dos de la galera, pero sabiendo que estaba vendiendo paleta sanguchera por jamón. Recién, de la nada, me volvió a la cabeza y, en un infrecuente acto de asertividad, no me dije "después lo posteo" sino que acá estoy, valiente y eficaz, posteando.

6. Ya escribí por qué me parecía que la táctica es importante para los equipos chicos: porque les permite trazar líneas de sentido y colaboración entre sus jugadores, para que parezcan más que 11, y compensar las diferencias de calidad técnica con respecto a los equipos con jugadores más talentosos. Pero también creo que el trabajo táctico (la coordinación de una idea juego; automatismos para des-espontaneizar el enfoque de los partidos) puede servirles a los equipos grandes. La principal ayuda que la táctica tiene para los equipos grandes, para mí, es permitirles establecer un piso de rendimiento. Es decir, subir el nivel de la peor versión de cada equipo: que los días que "se levantan mal", por usar una expresión de nuestro seleccionador, jueguen al menos en un nivel de 5 ó 6 puntos sobre 10. Un equipo con cuatro o cinco estrellas mundiales, pero sin trabajo táctico, juega cinco partidos seguidos a 9 puntos, goleando a todos sus rivales, y después, un día cualquiera, le sale todo mal, juega para 2 puntos, y pierde contra un rival inesperado. En un campeonato largo, no hay tantos problemas. Pero en los campeonatos cortos, especialmente en las fases de eliminación directa, tener un piso de rendimiento bajo puede llevarte de vuelta a casa. Si alguno todavía no se dio cuenta, creo que eso es lo que le pasó a Argentina en la última Copa América: no tuvo manera de combatir su "mal día".

(Y ahora, mientras escribía este puntito, se me ocurrió otro. Pero suficiente eficiencia por hoy. Me voy a ver el final de la primera temporada de The Wire.)

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