Berreta lo berreta

Hace poco le mandé un mail a un amigó común que tenemos con Fabián Casas, a quien no conozco, preguntándole por qué Casas insistía en presentar a su libro de ensayos como algo "berreta" y a medio hacer y enorgulleciéndose de ello (acá, acá y acá, por ejemplo). Mi amigo, siempre alerta y con el fine tuning prendido para detectar el estado de ánimo del colectivo literario porteño, me contestó:

Vendría a ser la teoría de la literatura como falla, error, mala escritura. Admito que suena muy argentina, pero es lo que hay. No sólo el trabajo hace la inspiración, ¿no?

A mí Casas me cae muy bien. Los Lemmings es un libro que disfruté tremendamente y que, llegando al final, leyendo despacio porque no tenía ganas de que se terminara, pensé que Casas podría haber escrito, fácil, otras 300 páginas con los mismos personajes, y que yo tenía muchas ganas de leer esas páginas. Y sus ensayos en Malelemento me parecían irregulares, como los posts blogueros de casi todo el mundo, con algunos brillantes y hermosos, como los tres o cuatro en los que contaba la época en la que su viejo trabajaba con el Negro Olmedo (hay una a mitad de camino en esta página).

Me cuesta entender del todo esta pulsión por la desprolijidad y la ineficacia: lo choto a propósito. Para mí, un párrafo mirado mil veces casi siempre es mejor que uno apenas pispeado de reojo. El "casi" lo pongo porque comprendo que hay textos salvajes e imperfectos, escritos bajo emoción violenta o lucidez sobrenatural, que valen más por su espontaneidad y su nervio, su pelo al viento despreocupados de la opinión ajena, que  por las normas de claridad y empatía y precisión de un ensayo normal. Pero ésas son excepciones. (Justo hoy, armando unas bibliotecas que compramos la semana pasada con I., se abrió frente a mí, durante la mudanza de libros de un lado para el otro, el prólogo de Facundo, en el que Sarmiento, en una carta a Valentín Alsina, que le estaba haciendo de corrector, le dice que no iba a aceptar algunos de sus consejos,

"temeroso de que por retocar obra tan informe desapareciese su fisonomía primitiva y la lozana y voluntariosa audacia de la mal disciplinada concepción".

Eso dice entonces Sarmiento de Facundo, que es "informe", "audaz" y "primitivo". Y vale entonces una excepción, creo.) Y Casas también lo vale, si tiene ganas. Seguramente el libro es de lo más simpático. Tiene una tapa buenísima y le da visibilidad, hasta en su propio título, al maltratado género del ensayo, debilidad mía a la que alguna vez le pronostiqué, muy entusiasmado, un supuesto renacer de la mano de los blogs. Me hincha un poco, sin embargo, la insistencia reciente en aparecer como que no se ha hecho un gran esfuerzo, como si romperse el culo laburando fuera para giles. Leyendo aquellas entrevistas a Casas me topé, al mismo tiempo, con una entrevista conjunta en Perfil a Daniel Guebel, Alan Pauls y Sergio Bizzio, amigos y contemporáneos entre sí y los tres con novelas recién publicadas. Me pareció que estaban los tres como demasiado enojados, amargados, con demasiadas ganas de pelearse con todo el mundo. Una frase de Bizzio me quedó grabada: "La idea de lo eficaz es repugnante". Por eso me gustó que hoy, en Radar Libros, Mariana Enríquez citara, en su reseña de la novela de Bizzio, una parte de la entrevista en Perfil. El último párrafo de la reseña, que me pareció buenísima —está escrita con naturalidad y justeza, sin pompa ni saña—, duda, como yo desde hace un rato, de los beneficios de la berretez:

Lo errático de la novela, que alberga desde la burla a una poeta joven
llamada Alejandrina hasta reuniones con productores de TV, refuerza esa
idea de que nada es importante o duradero. Era el cielo es leve,
sobrevuela sobre las emociones, y por eso resulta tan difícil
concederle algún interés: pide a gritos la intrascendencia, quizá como
un intento pensado de pararse en la vereda de enfrente de la
solemnidad. En una reciente entrevista con el diario Perfil, Sergio
Bizzio dijo que está en contra de “los lectores que buscan historias
entretenidas, sólidas consistentes; la idea de lo eficaz es
repugnante”. Así piensa el autor su literatura y los resultados son
coherentes con la premisa. Sólo que Era el cielo sí es entretenida,
porque Bizzio tiene un evidente don para el diálogo y el ritmo. Pero lo
efímero y deshilvanado provoca otro efecto, no buscado: Era el cielo
parece una novela a medio terminar, con un narrador perezoso que olvida
personajes por el camino y carece de herramientas técnicas o
emocionales para profundizar. Lo paradójico es que esta precariedad es,
precisamente, la operación literaria deseada.

Un párrafo nada berreta, que parece tan fácil de escribir y sin embargo vemos tan poco en las reseñas de ficción de sábados y domingos. No sé. Escribir mal a propósito no me parece ni punk ni pop, sino rock chabón: discurso popular, alma conservadora. Pero no lo tengo del todo claro. Sí sé qué si un día de éstos alguien organiza un gran partido de fútbol entre realistas y literarios, por decirlo de alguna manera, y me obligaran a elegir, yo me pondría la casaca colorinche de los realistas (pero no sé qué camiseta, obligado a elegir, se pondría Casas). Les ganaríamos por goleada a los literarios-posmodernos, vestidos de gris, que se dejarían perder, para generar tensión en las reglas del juego y confundir al árbitro y a las 30.000 personas que los putean desde las tribunas. "El mercado no tiene ni puta idea", le dirán después, jadeantes y cancheros, a Tití Fernández. Pero lo bueno es que no estamos obligados a elegir.

2 comments
  1. picoduro said:

    Para profundizar què? A esa tipa no le da verguenza escribir la frase “herramientas para profundizar”?
    Y no te da verguenza a vos decir que “eso” se ve poco en las reseñas de ficciòn, grandulòn?

  2. un poco confuso! pero interezante!