Hay dos motivos por los cuales estuve posteando tan poco últimamente. Uno es que, después de un año, el blog ha sido víctima de los ciclos de ascenso y caída que dominan nuestras vidas: se puede bloguear durante varios años —hay varios que lo han hecho—, pero no se puede bloguear eternamente. Se me ocurrieron decenas de posts en los últimos meses: anécdotas semidivertidas, furias pasajeras, pensamientos brillantes pero delgaditos, iluminaciones políticas, películas y canciones que me emocionarn un rato. Casi ninguno de ellos llegó hasta acá. Todavía tengo pegado en el corcho de la cocina un recorte del diario de Bar Harbour, adonde fuimos con I. un fin de semana largo en septiembre, para celebrar nuestro primer aniversario. El recorte es el "Police Blotter" del día, el informe de la policía que en los diarios populares de Nueva York están llenos de crímenes y muertes y que en el del apacible Bar Harbour Times abría con un accidente en bicicleta de una ama de casa local. En ese momento me pareció divertido. Ahora también. Pero entre medio no.

El otro motivo por el que estuve escribiendo menos es que buena parte de mi energía, fuera de las horas de trabajo, la estoy dedicando al libro que estoy escribiendo sobre los banqueros argentinos de Wall Street: me he pasado los dos últimos meses planeando, haciendo y desgrabando entrevistas, dibujando outlines con posibles capítulos, escribiendo parrafitos con sensaciones, leyendo libros, aprendiendo el misterioso derrotero de una de nuestras penurias recientes: el bono soberano. Estoy muy entusiasmado con el libro. Las noches como ésta, solo frente a la computadora, con I. durmiendo desde hace un par de horas, que antes dedicaba a derivar aleatoriamente por Internet, de los diarios a los blogs a youtube al limwire, ahora las paso googleando los nombres y los eventos más irrelevantes, obsesionándome con detalles que, con suerte, ocuparán como mucho una línea del libro. Anoche, por ejemplo, estuve buscando (y encontré) las diferencias de clase contenidas en la estación de trenes a la que uno llega a Nueva York. Los banqueros que viven en los suburbios del norte de la ciudad y en Greenwich (Connecticut) se bajan del tren en Grand Central Station, un edificio elegante, limpio y marmolado, con esculturas y hombres con abrigos de piel de camello. La clase trabajadora que viene de New Jersey y Long Island sale a la ciudad desde Penn Station, un caos de pizzerías y restaurantes de comida rápida, baños inundados, carteles que no funcionan y ampliaciones hechas a medias.

La semana pasada, entonces, se me ocurrió una manera de juntar las dos cosas y ver si de paso, jugándome a que una afortunada carambola me dé la razón y me saque del letargo, podía revivir el blog. La idea es la siguiente: bloguear sobre el proceso de escribir un libro, algo que no sé cómo se hace, porque es la primera vez que lo hago. (Tengo 200 páginas en Mis Documentos a las que suelo llamar "novela", pero, mientras no estén embutidas en dos tapas, resistirán la categoría de "libro"). No sé si alguien lo ha hecho alguna vez y no sé cómo va a salir, pero me divierte compartir y sublimar en público las frustraciones, las desmotivaciones,  los entusiasmos, las rachas de falta de inspiración, las rachas de escribir sin parar. Incluso pedir ayuda: poner ideas a prueba, consultar intereses.

Como no era algo que pudiera decidir por mí mismo, pedí autorización a Paula Pérez Alonso, de Planeta, y a Martín Caparrós, mi tutor en el proyecto. Los dos me dijeron lo mismo: puede ser una buena idea, pero tené cuidado de no revelar demasiado, de no quemar cosas que querés que sólo sepan los que leen el libro. Me pareció un consejo completamente razonable, por lo que tomé nota y me dispuse a escribir este post. El problema es que no lo escribí: el intercambio de mails con Paula y Martín fue hace dos semanas, justo antes de la primera entrevista que tuve con Domingo Cavallo en el Harvard Club de Manhattan (digo "primera" porque habrá una segunda, en Buenos Aires, dentro de un par de semanas). La idea de desayunar con Cavallo en un edificio venerable, donde los ex alumnos y profesores de Harvard juegan al squash y leen los diarios, nuestra entrevista interrumpida por un Premio Nobel —"¡Domingo!", dijo el Premio Nobel, cuyo nombre no revelaré porque es justamente una de las cosas por las que van a tener que pagar o fotocopiar para saber—, me parecía una idea de post tan buena que me deprimía no poder usarla sólo porque me la tenía que guardar un año (o un poco menos).

Así que así iniciamos nuestro experimento: con Cavallo recordando cada día, cada recoveco, cada mini-traición de 2001 y yo empezando a escribir sobre la marcha de Golden Boys, viendo si funciona, si me sirve para escribir mejor el libro y si sirve para pegarle una sacudida al blog. Veremos qué pasa.

17 comments
  1. Lorena said:

    …hola churches: y que onda si le podes unas gotas de cianuro a domingo felipe en el cafe con leche para el segundo encuentro????
    Besos a vos a la tocaya de mi hija
    Lore “ex cronista”

  2. Enrique said:

    Suerte entonces en esta vuelta de tuerca blogger. ¡Una dosis adecuada de histeria entre lo que mostrás y lo que guardás para el libro seguramente traerá, al final, más lectores!

  3. Anonymous said:

    che… volvé a opinar sobre futbol, directamente no escribas más el blog…
    Pero no deschaves las perlas del libro que ya espero ansioso.
    Un lector del blog, Felipe

  4. Dolo said:

    Un gusto volver a leerte después de tanto silencio. Espero que el oeste de Long Island te siga tratando bien a pesar de resignar la opulencia de la otra isla. ¡Y que no sufras tanto el invierno!
    Dolores

  5. Catire said:

    Dogor, cuando se publique quiero un libro en Barcelona!!!!!!!!!!!!!!!!! Abrazo.Catire

  6. hola. podes darnos algun tipo de consejo a los que queremos participar de este mismo concurso que ganaste vos?
    atte.
    masako

  7. Andres said:

    Hola. Espero con ansias el metablog acerca del libro. Y, eventualmente, el libro. El tema suena interesante (aunque pueda no serlo). Gracias.
    Andrés

  8. buscamos nuevas historias, nuevas plumas, o me van a decir que nunca se comieron un bicho canasto ??

  9. emilio said:

    Los que pasamos seguido alguna vez, aunque sin escribir, y notamos durante un tiempo que el río se estaba estancando, dejamos de hacer este paseo. Por eso demoramos el retorno, pero como en todo reencuentro dilatado, celebramos más efusivamente el regreso.
    Espero a don Domingo, al premio Nóbel, pero sobre todo el resultado del premio que has ganado.

  10. Felipe said:

    Veo que te lo tomaste “de enserio” esto de no escribir…. Dale, vago, cuelgue algo en su web y luego sumergite en los Golden B. Saludos, Felipe

  11. Magui said:

    Recién descubro tu blog, me atraparon varias de tus notas, en especial la del regreso a Moscú de tu novia… cuánto de cierto sobre el exilio hay en esas palabras… fascinante todo el relato.
    Me alegraste la tarde.
    Te saluda desde la Cerdeña, una colega argentina, también exiliada “por amor”.

  12. Anonymous said:

    un dia sone que entraba al blog asi como por casualidad como esporadicamente hago cuando me acuerdo que alguna vez estaba vivito…, y veia un post crispy y new. lo curioso es que la fecha de ese post era exactamente el dia mismo en que casualmente yo me encontraba en el tal blog este que estaba medio muerto. cuestion, hacia pocos segundos el escritor se habia inspirado para escribir algo y como por telepatia de musa, un lector habia sido dirigido hacia el. yo. bueno. un suenio nomas. ya veo que al decirlo, poco probable que se cumplira.

  13. Raúl Ignacio Mesa said:

    Buena suerte en la operación. Aprovecha el post-operatorio para escribir más en el blog. Un saludo desde Medellín – Colombia.

  14. Dortha said:

    Thank God! Someone with biarns speaks!