A Artemio se le acabó el humor. Hace diez días oteábamos un relajamiento, el nacimiento de la ironía kirchnerista después de tres años de seriedad y autocomplacencia. Me parece que me apuré: gana un obispo en Misiones, Artemio primero admite con gallardía los tremendos errores de sus encuestas y ahora, de la nada, se pone serio otra vez. Una decepción. No sólo por ponerse serio, porque aunque de la mayoría de las cosas uno debe reírse, hay cosas a las que vale la pena tomarse con seriedad.

Pero Artemio parece estar mandando un mensaje, como si a alguno de su bando no le hubieran gustado sus chistes: dice "ultramontano", dice "los grupos de poder económico y financiero que (…) literalmente vaciar[0]n, colapsar[o]n el país", dice "los intereses de las facciones de capital", todas declaraciones de amor para su, probablemente, cliente principal: Balcarce 50. Dos palabras del auto de fe de Artemio confirman que se ha puesto el cassette: en un momento dice "necesidad inexorable", antíquismo recurso retórico de la jerga política cuando trata de hacer jueguito con los eufemismos para después tirarla al córner. Una pena. Creíamos que se había abierto una ventanita (se me escapa la primera persona del plural, como si todavía estuviera escribiendo para TP), pero me parece que el chiflete irónico lo van a cerrar de golpe. Todo el mundo a sus trincheras y a dispararle a lo que se mueva.

Uso metáforas bélicas no sólo porque tengo poca imaginación, también porque las usa Artemio, que se despide con una amenaza que da miedito: "Un solo paso atrás será un signo de debilidad estructural". Se viene la lluvia de caca, la sobreactuación de dientes apretados, la sobrevaloración del heroísmo propio. Y más encuestas con "errores".

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