Hace 30 segundos, volví a acordarme —con la misma tristeza pero algo menos de resignación— de que hace casi un mes que no escribo nada acá. Muchas otras noches de estas últimas semanas ya me había pasado lo mismo, pero mi cerebro siempre había desactivado la bomba con algún otro pensamiento, otra preocupación, alguna mínima variación del inapagable ruido blanco de los cabos sueltos: "contestar el mail de…", "averiguar por los pasajes para…", "ponerme más las pilas con…", "ya van veinticuatro días desde la última vez que…" Seguía entonces leyendo en la pantalla, jugando al mini-golf, subiendo el volumen de la música: a los cinco minutos ya ni me acordaba de por qué me había vuelto a desilusionar de mí mismo.
Pero hoy, hace ya tres o cuatro minutos, cuando la aguja con la etiqueta "blog" me volvió a pinchar el cerebro desde adentro, decidí agarrarla y sacarla: en parte porque me estaba quedando sin anestesia y en parte porque en esta madrugada de hoy, todavía algo excitado por el espresso doble que me tomé hace un par de horas en un restaurant cubano, y mientras mis viejos duermen acá atrás mío, en mi cama, e I. da vueltas en el sofá donde me voy a tirar dentro de un rato, de repente esta boludez de escribir un post volvió a parecerme algo bastante fácil.
No sé por qué pasé tanto tiempo sin escribir. Hay como una onda en el aire de que la excitación blogueril del año pasado se ha calmado; de que una moda, o una camada, ha perdido energía, y estamos esperando a que aparezca la próxima generación. No sé si es así, no tengo ni puta idea, pero en los últimos meses agregué muy pocos blogs a mi bloglines, y a algunos de los que antes leía de arriba a abajo ahora apenas los oteo buscando palabras clave. Quizás sea porque tengo demasiadas cosas en el bloglines y es imposible leer todo.
El inminente cierre de TP ha sumado algo de tristeza en mi relación con Internet, pero en el fondo es la misma cosa: no estaba escribiendo ni en el blog ni en TP. Y TP cierra porque los que teníamos que escribir no estábamos escribiendo. Volveremos en algún momento, creo yo, cuando tengamos algo más de energía.
Acá volví, que también es importante. A ver si me lo tomo menos en serio, si vuelvo a jugar, sin tener miedo de estar cavándome la tumba del googleo de un enemigo en el verano de 2021. Me pasó a mí, pero también a otros: si nos tomamos el blog como un borrador de nuestras ‘obras completas’ es un embole. Hay que salir y embarrarse, aun cuando en 2021 aparezca algún pelotudo y diga ‘vos en 2005 dijiste que Cristina K era una giluna y ahora que ganó los Premios Nobel de Economía y de la Paz  no sabés qué decir’.  Y no, no voy a saber qué decir.

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6 comments
  1. christian said:

    en hora buena!!
    una pregunta: desde que ganastes el premio y salistes en el/los diarios, etc, etc, aparecieron antiguos amigos resucitados, a ofrecer consejos y compinches apretadas de hombros?
    como sigue la vida por el carril de medio?

  2. Esto del blog se te vuelve un vicio, una razón de ser para muchos; sin duda que es una ventana en la que puedes decir infinidad de cosas, pero sobre todo es un acercamiento hacia los autores, un poco a su alma, otro poco a su corazón. Me he iniciado apenas hace un año en esta onda, antes tenía un geocities pero un amigo terminó por convencerme que esta moda blogera (como tú la llamas) venía imparable y en efecto, así es…
    Un saludo desde Acapulco, Guerrero, México

  3. Catire said:

    Muy bueno Dogor. Un post con la misma calidad y el desparpajo con el que tu “velocidad moderada” nos tiene acostumbrados en el fulbo.

  4. Nacho said:

    También hace tiempo que no visitaba su blog. Yo no sé si sòlo me pasa a mi pero a veces no entiendo mucho lo que quiere decir. Quizá porque es como una mezcla de español con inglés que a ratos me confunde. El cuento es que volví a entra por la curiosidad de saber cómo ibas con el trabajo del premio Seix Barrial y veo que hasta clasificado te ha tocado poner. Eso está bien. Un saludo desde Medellín y ojalá esa aguja con la etiqueta de “blog” te pinche más seguido.

  5. VB said:

    Me he sentido algo identificada con tu diatribas acerca del “tener o no tener ganas de escribir un post”. A veces a uno lo supera la cotidianeidad, inclusive la de postear…Si no hay deseos, es quizas porque uno no tenga nada muy interesante para contar ese día (esos días)… en fin…me anda pasndo lo mismo.

  6. Yo también recordé hace poco mi blog y al fin lo actualicé con las impresiones que me dejó un encuentro cercano con tiburones blancos. Siempre encuentro pretextos malos para aplazar el gusto que me generan las letras propias sobre las que me topo por razones laborales. El problema es que en mi caso no me engancho. Dejo pasar el tiempo y hasta que vuelvo a escribir me doy cuenta, otra vez, de lo que me he perdido.
    Saludos y felicidades por tu trabajo,
    http://www.aprendizdesibarita.blogs.com