Inexplicable columna de Pablo Sirvén en La Nación de hoy, que dice que tres películas, Fuerza Aérea S.A., Terror a bordo y Vuelo 93, "coinciden en la cartelera [argentina] no por casualidad". Para ello arma toda una argumentación sorprendente sobre el estado de la aviación comercial, pero al final queda claro que las tres películas (una de ellas, Vuelo 93, estrenada en Estados Unidos en abril; otra, Terror a bordo, hace menos de un mes) sí coinciden en la cartelera por casualidad.

Uno de los párrafos tiene un tono inusual para las columnas de Sirvén. Dice:

Ultimamente hay demasiadas noticias
relacionadas con aviones dentro y fuera de los cines. Afuera, porque
desde que el presidente James Carter tuvo la mala idea de desregular la
aeronavegación comercial en 1978, todas han sido malas noticias:
quebraron líneas tradicionales y las inflexibles reglas del mercado
antepusieron la rentabilidad a la seguridad y alentaron la aparición de
operadores, en todo sentido, más baratos. El resultado es inverso al
notable progreso tecnológico de las últimas décadas: el índice de
accidentes aéreos se viene elevando en todo el mundo de manera
inquietante.

Lo que es completamente falso. No sé si a Sirvén le gusta en general asustar a la gente o solamente necesitaba exagerar un poco sus argumentos como para darle solidez a su columna, pero, como se puede ver acá (pdf, ir a la página 12), la cantidad de muertes totales por año se ha mantenido constante y la cantidad de muertes por vuelo, que es la estadística que realmente cuenta, ha bajado mucho y en casi todos los años.

Más extraño es que Sirvén se meta con la desregulación de Jimmy Carter. Hay muchos efectos de la desregulación —en los primeros años, el mercado fue un quilombo—, pero los efectos de largo plazo en general se resumen así, según este tipo:

In sum, the major airlines
probably suffered the negative consequences of deregulation the most. New
smaller airlines and the millions of passengers flying gained the most.

Por alguna razón, Sirvén llora la desaparición de Eastern, TWA y Panam, que hasta 1978 habían tenido casi monopolios y ganancias aseguradas, y se mete contra las aerolíneas baratas nuevas. Defiende a los viejos elefantes tratando de untarse una capa de progresismo con el adaptable lugar común de "las inflexibles reglas del mercado
antepusieron la rentabilidad a la seguridad"
. No es la primera vez que lo hace: ni defender a viejos elefantes ni disfrazarse de populista.

 

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