Estamos en el fin de semana del medio del US Open, evento que se respira bastante en la ciudad: hay carteles en el subte, avisos en la tele y conversaciones sobre tenis, algo que no ocurre para nada el resto del año. A la ciudad le gusta el torneo, sin volverse demasiado loca, y después de dos semanas con Maria Sharapova firmando y vendiendo en la Quinta Avenida y Roger Federer jugando al mini-tenis con los presentadores de la tevé mañanera, todos nos olvidamos más o menos rápido y ni noticias del tenis hasta el año que viene.
El año pasado fui un día al US Open. Como no tenía un mango, compré la entrada más barata posible: sólo la sesión vespertina del primer día de partidos, que costaba 22 dólares. Vi un set y medio de Coria contra no sé quién y después iba cambiando de cancha viendo pedacitos con jugadores más bien poco conocidos. En el turno final, court central, sentado más cerca de la estratósfera que del umpire, vi a Agassi ganándole en un rato a un rumano que no puso ningunas ganas.
Este año, que tengo algo más de dinero, no sabía bien qué hacer hoy: teníamos una invitación a ir a la playa –lo cual, estando tan cerca del fin del verano, es algo que siempre hay que tener en cuenta— y también tenía ganas de pasar el sábado en Flushing Meadows, oblando los US$90 que costaba la jornada completa y que incluía partidos de Nalbandian, de Agassi y de Federer. Al final no tuve que tomar ninguna decisión, porque llueve sin parar desde hace un día y medio y sólo salí de casa para ir al gimnasio, donde me dejé 450 calorías que después recuperé acostado el resto de la tarde en el sillón, viendo The Matador, Rumania-Bulgaria y otras cosas menos memorables

2 comments
  1. calixto said:

    gran película the matador. para mí, una tarde redonda. sobre todo porque evitaste el 0-3 argentino.

  2. lucas said:

    buen dilema, H., US Open o los Hamptons.