El otro día tenía que pasar a buscar a I. a las 2:20pm. Llegué, estacioné la Vespa en un lugar ilegal, porque pensaba que no iba a estar ahí más de dos o tres minutos, hasta que recibí un mensaje de texto en el celular que decía: "I’ll be down in 15 minutes". I. bajó 20 minutos después, casi como había prometido, pero la espera se me hizo imposible. No tenía nada para leer y no me podía despegar de la moto. Mi siguiente impulso fue fumar un cigarrillo, pero, como estoy en un régimen cuidadosamente planeado de cuatro cigarrillos por día, no quería desperdiciar uno en un momento en el que realmente no tenía ganas de fumar. Más me frustraba no ser capaz de esperar 20 minutos sin "hacer algo". Le tengo pánico al vacío: odio quedarme en compañía sólo de mis pensamientos. Nunca hago un viaje en subte sin algo para leer: si no tengo un libro encima, me compro el NY Post (25 centavos) o el Daily News (50 centavos) o me fijo si quedó algún Village Voice en algunos de los cajones de la esquina, pero casi nunca hay. Por alguna razón, no soporto estar diez minutos sin leer, como si tuviera pánico a pensar, como si quedarme a solas con mi cerebro sólo pudiera derivar en una sesión de autoindagación sobre el estado de mi vida. Lo peor es que no es eso: no tengo pánico a mí mismo, le tengo pánico al aburrimiento. Si no tengo nada para leer, me aburro.

Ese mismo día, mientras esperaba a I., veía la gente pasar caminando por la calle y me preguntaba en qué estarían pensando, cómo estaban soportando la inanidad de caminar por la calle con ese calor y sin nada mejor para hacer. Algunos tenían iPods, que producen un aturdimiento suficiente como para apagar los cuestionamientos, y unos pocos hablaban por teléfono mientras caminaban, chocándose de a ratos con otros humanos más atentos a las trayectorias de sus cuerpos por la vereda. Había un negro, contra una columna, vestido con un uniforme azul, que mientras yo entraba en pánico por no saber qué hacer, se mantuvo en su columna, masticando algo que no tragaba, sin hacer demasiados gestos. No parecía aburrirse, pero a mí me parecía un programa insoportable. Tampoco puedo comer solo sin algo para leer: como con gente o con una revista (los libros son medio complicados para leer con un plato enfrente: hay que comer con una mano y sostener el libro con la otra; o comer con las dos manos y hacer contrapeso con el salero para que no se cierren las páginas). Comer solo me parece un proyecto deprimente, animal, tan puramente gástrico y utilitario que es casi la definición perfecta de tiempo perdido, como parar a cargar nafta.

Dos minutos antes de que bajara I., que estaba charlando con un profesor al que hacía tiempo que no veía y al que le había traído cigarrillos de Moscú, yo me prendí un Marlboro Lights, admitiendo mi derrota contra mí mismo. Un cigarrillo que no disfruté y que me quitó la posibilidad de un cigarrillo mejor dos horas más tarde, después de comer en un hueco enano del West Village.

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9 comments
  1. Para mí comer es un acto excelso en sí mismo. Por supuesto tiene un costado útil e imprescindible, pero quien ha comido en medio de un viaje solitario, o en un paseo poético con su alma por Palermo Viejo o Parque Avellaneda, encuentra en el plato un compañero más entre sus reflexiones.
    A mí me gusta comer solo de vez en cuando, con buena música, un buen vinito y el espíritu en paz. Por supuesto, no hablo de comer pizza en el microcentro porteño, pero sí en un bodegón de Puerto Madryn frente al mar, o una parrillita en Merlo, San Luis.
    A veces incluso disfruto más comiendo solo, porque no tengo que hablar, entonces puedo concentrarme en paladear el cordero asado ola cazuela de mariscos, y dedicarme solo a eso.

  2. Gus said:

    A mí me pasaba lo mismo, esos tiempos muertos angustiantes, y encontré el antídoto.
    Comprate una Palm: tenés música, libros, podés cargarle la Leonard Maltin Movie Guide, y jugás al Sudoku.

  3. voyeur said:

    yo por eso no fumo tabaco.

  4. Anonymous said:

    platea aca. el ultimo post, comment numero cuatro, como que un thrill en marcar caracteres en este rectangulito aca abajo. a mi me encanta estar en pensamiento. pero es verdad que es dificil de bancar. exige al menos un huevo. una vez que lo tenes, el resto es como un viaje magnificado de lo que pensas todo el tiempo en todo lugar y en frente de la cara de cualquier persona. pero leer te tendria que llevar a eso tambien. sino es una lectura de relleno, un poco triste por cierto.

  5. ea said:

    para comer sólo, nada mejor que un burger king y un diario. te levantás a los diez minutos, como si no hubieses hecho nada, con culpa y algo enterado.

  6. layla said:

    Cuando era chica daban el pulpo negro y era imposible irse a dormir sin antes revisar debajo de la cama en busca de algun monstruo que quisiera arrancarme los ojos. Luego
    la felicidad plena, de no encontrar nada y dormirse con una sonrisa hasta la mañana.
    cuando uno crece no tiene tiempo para estas cosas, cuando uno crece no tiene tiempo para practicamente nada, mucho menos para ir en busca de demonios debajo de la cama y que, además, es poco probable de encontrar alguno allí ya que nuestros propios demonios, nuestros propios dragones como dirian los chinos, se encuentran dentro de uno mismo, aguardando el momento para enfrentarnos y mostrarnos lo que más nos disgusta. A veces a pesar de la agenda y la vida en rush-hour, algo falla y ahí estamos en el medio de un tiempo que sobra e incomoda, un momento fatal, cierto, pero excelente para revisar cuantos de esos demonios tenemos añejados y si uno sobrevive, si uno se pone de pie despues de ese encuentro, algo sucede, y a modo de compensación la energía cambia, la inspiración llega….
    la comida se transforma en una celebración y el cigarrillo deja, por instante de ser un vicio, para convertirse en un placer que se comparte con los Dioses.

  7. Galo said:

    Realmente me ha parecido tan familiar tu relato Hernán, pese a que vivo en Quito. Ecua. Por muchos años a mí me aterró comer solo, pero ya no. Es cierto, con una buena lectura comer se convierte en una mejor experiencia. Lo de la revista me parece magnífico. En fin, leer y comer no es una receta perfecta, porque generalmente no terminas de leer y a veces derramas algo sobre tu ropa o ensucias las páginas de comida… pero a veces es mejor que comer con alguién.
    Comer solo y sin leer, si no tengo nada a la mano, puedo hacerlo. No pasa nada. Exploro el lugar donde como, miro a la gente que está por ahí, pienso en mí, en fin… y disfruto la comida.
    Bueno colega, felicitaciones por tu proyecto de libro. Ojalá estemos en contacto.
    Galo

  8. lou said:

    absolutamente igual. siempre ando con un libro en el bolso y hasta leo mientras camino desde la parada del colectivo hasta la puerta de mi laburo.
    cuando el tren se llena mucho y es casi imposible abrir el libro, leo el diario de los demás por sobre el hombro.

  9. R said:

    Es la enfermedad del hombre actual. Siempre conectado, siempre con la obligación de tener que hacer algo. Incapaz de perder el tiempo pensando o dedicar los minutos del viaje en autobús a observar.