Esta tarde vimos a Cerati en el Central Park. Argentinos con la camiseta de Messi, bosteros con la de Cascini, argentinos de New Jersey con gorritas de beisbol y medias blancas cortitas hasta los tobillos. En el piso de pasto sintético, mantas con restos de frutas y botellas vacías de agua mineral. El lugar estaba lleno —0,7 cámaras digitales por ser humano; amplio espectro socioeconómico, del MBA de Columbia al albañil de Queens—, pero diciendo "permiso, permiso" uno podía llegar hasta donde quisiera.

Tremendo Cerati, y difícil de explicar. Uno de esos raros recitales donde la gente pide las canciones del último disco: las peores de la tarde fueron las de Bocanada y Siempre es hoy, los sopores de su fase cool. Cuando tocaba las nuevas, Cerati parecía estar inventando todo otra vez: es ridículo que un tipo de 47 años pueda parecer el futuro del pop, pero hoy hubo un momento de guitarras y máquinas, subidas a la misma ola, como si estuvieran surfeando, que pensé que no había nadie en el mundo haciendo esto, que los edificios paquetes de la Quinta Avenida, a menos de cien metros, llenos de cónsules y viudas, tenían que abrir sus ventanas y ponerse a escuchar, porque acá estaba pasando algo. En una época en la que el rock mainstream no tiene casi nada que ofrecer al mundo —se derrite U2, se congela Coldplay—, esta vorágine de canciones razonablemente buenas, guitarras al frente, coqueteo con los chiches  y un moderado pero palpable sentido del humor —Cerati se toma un poco menos en serio, y eso es buenísimo— es una fórmula extraordinaria, una manera de sobrevivir más que dignamente mientras los hip-hoperos y los electrónicos se dedican a explorar lo que sea que todavía se pueda descubrir de nuevo.

Este nuevo Cerati le hace justicia a Dynamo, el incomprendido disco de Soda que a mí fue siempre casi el único que me gustó: hoy tocó Toma la ruta y parecía una canción nueva, fresca y potente, todo lo contrario de Ecos o de Prófugos, que están buenas pero nos gustan porque nos ponen nostálgicos, no porque nos estén diciendo nada sobre hoy. Infrecuente mérito el de Cerati: salir de gira al borde de los 50 pirulos y no tener que convertir sus recitales en museos de la memoria para treintañeros o cuarentones casados o alienados por otros motivos que quieren escuchar, por decir algo, Demoliendo hoteles y creer que todavía están en 1985, o los pibitos que piden Ana no duerme para imaginarse como era fumar porro y tener el pelo largo en 1969. Que tipos grandes como Charly o Spinetta tengan que seguir tocando todas esas canciones porque a nadie le emociona mucho lo que hicieron en los últimos 15 años —hay excepciones, más bien, pero son pocas— es una de las tristezas de la vida del rockero, cuya carrera parece larga pero al final es corta: toda la vida te van a estar pidiendo que seas como cuando tenías 25 años. De eso se está salvando Cerati, que hoy tocaba con dos cuarentones (Coleman y Samalea) y dos pibes y todos parecían tener la misma edad, con el pelo cortado-mal-a-propósito, las remeras ochentosas-con-ironía y el pucherito en los labios cada vez que la cosa se ponía potente.

Los que defienden la inclusión de la lucha de clases en el rock dicen que Cerati nunca hizo enojar a nadie, y tienen razón. Tan poco hizo enojar que durante mucho tiempo su obsesión por la coolness me hizo bostezar. Pero lo de hoy fue otra cosa: Cerati transpirando literalmente la camiseta —manchones oscuros en los sobacos y en la panza de esa misma camisa militar verde-maoísta que viene usando desde hace años— y permitiéndose comunicar emociones, algo que llevaba tiempo evitando, porque pensaba que eran grasas.

En fin, un buen momento, casi como de reunión de pueblo chico, de ir recorriendo las tribunitas y saludando a gente a la que uno conoce poco pero le dice "que hashesh, como andash" porque en el fondo no somos tantos, como dando la vuelta a la plaza del pueblo después de misa o antes de un acto del puntero del pejota. La térmica en 28 grados, esa sensación que da siempre el Central Park de que Occidente es un sueño que vale la pena —hombres y mujeres liberados y en convivencia pacífica entre ellos y con la naturaleza—, la satisfacción de una tarde de sábado en verano que valió la pena sin tener que ir a la playa.

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6 comments
  1. primavera 0 said:

    es que cada vez los viejos son más jóvenes. además, entre dynamo y hoy: qué pasó en el rock argentino? muy poco, me parece. cuarentones. no está mal. hay que ver que dicen los de 20 de lo que está haciendo ceratti. abrazo,ea

  2. Damián said:

    Acá hay uno de 21 fan de Cerati. Eso si, los de mi generacion me ven o como un rarito o como un pelotudo…

  3. Me gusta más el Cerati de Canción Animal, pero qué buen artículo.

  4. Marienella said:

    Pues mi hermana estuvo en el mismo concierto GRATUITO, me sentí mal por este último detalle, como si Cerati fuera un cantante que estuviera en vías de extinción. Por cierto, cómo hago para leer el informe que escribistes Golden boys, el que ganó el premio de la fundación. Sé que con ese material vas a escribir el libro, pero quizá el informe es de libre acceso.
    Yo soy periodista. Por esas casualidades de la vida en que las circunstancias se te imponen, me volque al periodismo económico, no me quejo ahora pero cuando estudié la carrera pensé en ganar por allí otros réditos como literata, pero otra vez el destino. Tu escrito, como comprenderás, me llaman la atención, quizá sea una fuente de inspiración. Un abrazo

  5. En la temporada 2006/2007, Lionel Messi consiguió dos tantos con un grandísimo parecido con los dos goles de Diego Armando Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México’86.
    El 18 de abril de 2007, durante las semifinales de la Copa del Rey contra el Getafe en el Camp Nou, eludió a cinco jugadores, incluido el guardameta, y marcó el segundo gol de su equipo, que fue inmediatamente comparado por la prensa mundial
    con el “Gol del Siglo”, obra de su compatriota Diego Maradona en el Mundial de México 1986.[De hecho, Messi dedicó su anotación al retirado futbolista.Finalmente, el Barcelona acabó imponiéndose por 5-2, con otro gol suyo. De todos modos, vale tener en cuenta las diferencias cualitativas de contexto y rival entre el gol de Maradona y el de Messi.

  6. Los que defienden la inclusión de la lucha de clases en el rock dicen que Cerati nunca hizo enojar a nadie, y tienen razón.