Compré por Internet hace un par de semanas La Bolsa, de Julián Martel, un libro que alguna vez tuve y perdí y ahora quiero volver a leer con la intención de usarlo para el proyecto de los Golden Boys. Antes me lo había bajado de Internet en pdf y me lo había imprimido en el laburo y lo abroché con unos broches muy mononos, pero no pude leerlo: estoy grande para fotocopias o similar. El libro me llegó ayer. Como se reimprime poco, tuve que comprar una edición de 1946 en muy buen estado, que me costó 18 dólares y está buenísima. Tiene un olor raro, pero se le pasará, espero, cuando lo saque a pasear. Yo pensaba que había comprado el libro a un distribuidor estadounidense, pero el paquete me llegó desde Buenos Aires. El libro estaba protegido alrededor por unas hojas de diario viejas, de Clarín y de La Nación. Hace tanto que no leo diarios argentinos en papel que me pareció rarísima. Estaban todas arrugadas, y no tenían ninguna utilidad informativa, pero ayer me vi de golpe, en la planta baja de mi casa, trabando la puerta principal con el pie, el casco colgando de una mano, las llaves y otros sobres de la otra, alisando esas hojas para ver qué decían. Noticias deportivas sobre un campeonato de hockey, clasificados, un crimen del que no recordaba haber leído nada: otro país, otro planeta. Salí al calor del día, pasé por el tacho con los reciclados de papel y las tiré.

Advertisements

Comments are closed.