Hernanii Mundial #10 | TP

[ publicado en Los Trabajos Prácticos ]

Debería haber un día de descanso entre los últimos partidos de la
primera rueda y los primeros de los octavos de final: para respirar,
para hacer balances, para juntar adrenalina viendo lo que viene y para
que Quintín se frote los ojos, que a esta altura ya los debe tener
enrojecidos y lagrimeantes. Pero no lo hay: cuando la mayoría de los
lectores de TP lean esto ya habrá seguramente jugado Alemania (¿habrá
ganado?: posiblemente) y hasta quizás también Argentina.

La
mejor noticia de este último día de definiciones fue Francia, que para
mí jugó muy bien mientras el partido estuvo 0-0 y relativamente bien
después (los goles fueron bastante seguidos). Cuesta decir que es por
la ausencia de Zidane, pero es probable que así haya sido. El técnico
francés, que aparentemente es un enérgumeno al que no le habla la mitad
del equipo, incluido Zidane, puso a Malouda y Ribery abiertos por las
puntas, como si fueran holandeses, y a Henry y a Trezeguet arriba. Hubo
cuatro o cinco jugadas perfectas, de toques rápidos y de primera, que
dejaron dos veces a Ribery y otras dos a Trezeguet solos frente al
arquero, que atajó una y las otras se fueron lejos. Sin Zidane, Henry
se siente más importante, entra a las jugadas antes, participa más en
la respiración del equipo. Con Zidane, juega de centrodelantero y poco
más (hace unos días le leí a Varsky
en el blog de La Nación que en 50 partidos juntos en la selección
francesa, Zidane le dio cero asistencias de gol a Henry). Sí, eso es lo
que estoy pensando: Zidane debería empezar en el banco el próximo
partido. Los argentinos lo forzamos a Bielsa en el Mundial pasado para
que pusiera a un Batistuta envejecido de titular: Bati no anduvo bien
(como casi todo el mundo) y su carrera posterior fue prácticamente
inexistente (medio año en el banco de la Roma, un paso en farsa por el
Inter y, después, Qatar). ¿Por qué, entonces, debería Francia armarse
alrededor de un jugador al que le quedan uno o dos partidos como
profesional? Zidane debería entrar en el minuto 60 contra España, con
cualquier resultado: si Francia va ganando para frenar el partido; si
van perdiendo o empatando para buscar la jugada milagrosa.

Los
resultados de hoy, además del buen juego de Francia, produjeron uno de
los emparejamientos más interesantes de octavos: España-Francia,
justamente. España viene mejor, aun después de la monumental siesta de
esta tarde contra los sauditas –no sabía que el sultán les prohíbe a
los jugadores jugar en otros países, es increíble—, pero Francia
encontró milagrosamente un equipo que funciona. Dado el espíritu
trágico de los españoles, puede pasar cualquier cosa. Aclaro que no
hincho por ninguno de los dos. O, mejor dicho, hincho por el que tenga
más chances de ganarle a Brasil en cuartos.

Cómo cayó el nivel
de intensidad en los últimos cuatro días. En parte porque ya no tuvimos
tres partidos por día sino dos (eran cuatro, ya sé, pero en directo se
podían ver sólo dos) y además muchos grupos estaban decididos desde
antes y no se jugaban nada. Esto ocurre mucho desde 1998, cuando
empezaron los Mundiales de 32 equipos: no sólo ahora hay equipos peores
sino que además ya no se clasifican los mejores cuatro terceros,
aquella complicada operación matemática de la FIFA que iba despachando
clasificados de una llave a otra con cada gol. Quizás por eso haya
perdido su trabajo deportivo el matemático Paenza, que en aquellos
Mundiales era el encargado de desasnar a sus colegas de Torneos y
Competencias sobre a dónde iba a parar cada equipo. En el Argentina (0)
– Bulgaria (2) de USA 94, nos metieron el segundo, casi al final del
partido, y Paenza empezó a los gritos: “Ahora nos toca contra [no me
acuerdo quién]”. A los 30 segundos, un gol en otra cancha: “A ver,
pará, pará”, jadeaba Paenza. “¡Rumania! ¡La Argentina juega contra
Rumania!”. ¿Debo decir si estoy a favor o en contra? Creo que estoy a
favor de los 32 equipos, aun cuando nos toquen estos tres o cuatro días
de partidos insoportables.

Pero mañana cambia todo. Y juega
Argentina: tengo la sensación de que para todos los partidos anteriores
estábamos recontrapreparados y que éste, sin embargo, se nos vino de
golpe, casi como si nos estuviera tomando por sorpresa. Esperemos que a
los mexicanos les pase lo mismo. Un último berretín: me gusta Suiza. Si
los sitios de apuestas europeos aceptaran mis tarjetas de crédito, les
pondría unos euros contra Ucrania y también contra Italia después, si
es que Italia le gana a Australia.

Comments are closed.