Hernanii Mundial #7

[ publicado en Los Trabajos Prácticos ]

Nos queda un solo día de la primera y más intensa fase del Mundial,
la de las seis horas diarias de fútbol, y debo decir que es una pena.
Qué rápido que pasa todo. Mañana empieza la tercera fecha de cada
grupo, que serán cuatro partidos por día pero de a dos por vez, y
muchos de esos partidos no tendrán ningún valor (CIV-SCG –¡qué buenas
iniciales!— o CRC-POL, por ejemplo). Se nos empieza a deshilachar el
Mundial, dejará de ser esa manta con la que tapábamos nuestros días:
hoy, a las cinco de la tarde (hora de Nueva York), cuando terminó el
partido de Brasil, me deprimí un poco, como si tuviera síndrome de
abstinencia, porque todavía me quedaba un buen pedazo de día y ya no
había más partidos. Ayer igual: terminó Italia-USA, uno de los dos o
tres partidos más excitantes del campeonato hasta ahora, y yo no sabía
dónde poner mi energía; eran las cinco de la tarde y había sol, pero
todos los programas posibles me parecían aburridísimos. Voy a tener que
acostumbrarme: dentro de 20 días ya no habrá más Mundial ni nada.

Disfruté
bastante de los partidos del fin de semana por la intensidad de
algunos, el buen juego de algunos pocos y, también, por ciertos
resultados que me reivindicaron ante los lectores de TP. Yo había dicho
que la República Checa era un equipo sobrevalorado y la realidad me
había desmentido pocas horas más tarde, con el claro triunfo de los
checos frente al Team USA. Mi pronóstico fallido generó respuestas más
y menos socarronas, incluida una de Quintín.
La igual de clara derrota de los checos contra Ghana me devuelve
algunas fichas como pronosticador, que empiezo a apostar a todo o nada
en este momento: España no le gana a Túnez, afirmo. España, según mi
razonamiento, está casi tan sobrevalorada como la República Checa, y
los que sólo leen los resultados de los partidos –¡Mamita, cuatro a
cero!— creen que España está cuatro goles por encima de Ucrania, cuando
en realidad no lo está. España, por ejemplo, no le pudo ganar a los
serbios en las eliminatorias, lo que tampoco quiere decir que sean
peores que los serbios, pero sirve para poner un poco de perspectiva.
España, además, es ahora un equipo mejor que el del año pasado, con una
cosa parecida al 4-3-3 del Barsa y un mediocampo toquetero, rápido e
inteligente: para mí Xavi es uno de los mejores jugadores del mundo.
Aún así, me parece que les vendrá bien bajar un poco a tierra y empatar
o ganarles 1-0 jugando mal a los tunecinos. Les va a venir bien a los
españoles y a los demás, que nos ahorraremos las increíbles tapas de
Marca de los últimos días:

En
fin, República Checa me dejó en una buena posición pero también lo hizo
Estados Unidos, mi semi-equipo adoptivo, que ayer jugó un partido
maravilloso contra Italia. El técnico de USA había puteado en público a
sus jugadores después del partido contra República Checa (algo
imposible o casi imposible de hacer en un país con tradición futbolera,
porque te matan) y parece que esta cosa de la motivación con los
gringos siempre funciona. Jugaron bien, con ese entrañable academicismo
de los pases aprendidos en la escuelita –las canilleras reglamentarias
desde los seis años de edad— pero con un corazón y una inteligencia que
estuvieron a punto de hacer tambalear a Italia, un equipo que, siendo
sincero, me resta puntos. Elogié a Italia la semana pasada, creí que el
mediocampo con Pirlo, Totti y dos burros por los costados podría darle
a Italia un aire más valiente y menos mezquino, pero casi nada de todo
eso ocurrió en el segundo partido: Totti estuvo media hora y lo sacaron
después de la primera expulsión, Pirlo estuvo muy atrás y los
delanteros tienen polenta pero son bastante burros. No veo buenas
posibilidades de que Italia tenga mucho más para ofrecernos en las
próximas semanas que su coraje, su cabezadurismo y alguna que otra cosa
de Pirlo o Totti.
De Brasil, otra vez poco. No me quiero entusiasmar demasiado, pero
Brasil parece un equipo que ya ha cruzado su pico y en el que el
técnico parece tener firmados pactos de lealtad con algunas de sus
estrellas crepusculares. Todo esto puede cambiar, por supuesto: Brasil
no necesita jugar bien para ganar. Pero qué aburrido es ganar sin jugar
bien. Qué poco sentido tiene.

2 comments
  1. Mariache said:

    Hernán, yo no tengo ni puta idea de fútbol (ni de nada, en realidad), y te leo porque me gusta como escribes, aunque hables de fútbol y a veces no te entienda ni papa; pero estos últimos posts tuyos me están haciendo descubrir un extraño sentimiento de irritación, no sé si nacional o corporativa; me vienen unas ganas inexplicables de decirte ¡JA! cuando gana la selección (como acaba de suceder, 3-1). Gracias por el psicoanálisis. Yrs. faithfully,
    M.

  2. R said:

    “España no le gana a Túnez, afirmo”. Es lo que pasa cuando se juega a vidente, que se puede meter la pata hasta el fondo. No sé si España estará sobrevalorada o si en tus apreciaciones hay cierta irritación nacional o corporativa (no sé cuál sería peor, supongo que la nacional), pero la realidad es sólo una: España 3 Túnez 1.