Hernanii Mundial #5 | TP

[ publicado en Los Trabajos Prácticos ]

Paraguay, el equipo más amarrete del Mundial, se quedó afuera
después de una actuación que debería tener algún efecto sobre el fútbol
paraguayo: habrá una obligada renovación generacional que los ayudará
–éste ha sido el último Mundial, esperemos, de Gamarra, Acuña, Cardozo
y Caniza—, pero sobre todo debería haber un cambio de mentalidad que
los haga darse cuenta de que, pese a que su fútbol de dientes apretados
y el culo contra el arquero ha logrado llevarlos al Mundial tres veces
seguidas, es probable que ya haya dado todo de sí. La imagen que deja
Paraguay en Alemania es tristísima, no sólo por su fracaso sino por la
la mezquindad con la que se abrazaron a un sistema que sólo podía
funcionar por accidente. El Mundial pasado los salvó una media hora
memorable del Pinino Cuevas. Paraguay tiene que darse cuenta ahora de
que su modelo ha fracasado: un equipo así, que transmite las peores
señales posibles –agotamiento, terquedad, aburramiento—, sólo se
justifica cuando uno es Trinidad y Tobago y la mística de la
“resistencia heroica” tiene algún sentido. Después de tres Mundiales
seguidos, Paraguay ya no puede seguir vistiéndose de niña víctima,
porque le asoman los pelos de las patas por abajo del vestido. Paraguay
tiene que fijarse en estos días en Alemania y en Italia, dos equipos de
racanería similar a la guaraní que, aparentemente por lo que vimos en
los primeros partidos, han decidido abrir la ventana y dejarse
intoxicar por el aire puro del fútbol jugado cara a cara, bife a bife,
en el que se puede ganar o perder pero en cuyo proceso una se va
haciendo mejor a sí mismo. O en Ecuador, un equipo con sentido común y
una extraña belleza plástica, cuyos jugadores siempre parecen estar
conectados entre sí por piolines invisibles, como si todos supieran lo
que están pensando los demás en ese momento. Insistiendo en un modelo
de supuesta austeridad, de un espartanismo casi militar, Paraguay creyó
que podía ganar siendo más duro que los demás, pero lo cierto es que se
vuelve a Asunción con cero goles y media situación de gol a favor. El
patoterismo ha dejado de funcionar: tengo la sensación, pero en
realidad no lo sé, de que los paraguayos no son un pueblo especialmente
alegre, pero de lo que estoy seguro es de que se ríen más que sus
futbolistas, esos hombres sobreactuados de seriedad.

Dos
personas de carne y hueso me comentaron hoy que Brasil está jugando mal
porque juega como si estuviera filmando un comercial de Nike. También
se lo escuché a Víctor Hugo Morales en el blog de La Nación
y se lo leí a Daniel Arcucci, jede de Deportes de La Nación, en el
mismo espacio (Ctrl-F y “Arcucci” para encontrar el post). Dice Arcucci:

Y
el debut de Brasil confirmó cómo el marketing supera a veces al juego.
Ronaldinho y compañía jugaron para la foto de la publicidad, pero el
producto final resultó infinitamente menor al promocionado.

“El
marketing supera a veces al juego”. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué
marketing hace Brasil de sí mismo que no sea alegría y arrogancia? No
voy a defender mucho a Brasil, que jugó pésimo el otro día, con
indolencia y pedantería, como sabiendo (y teniendo razón) que en algún
momento alguno de sus galácticos se inspiraría y la clavaría en el
ángulo. Dije “galácticos”, sí, porque el Brasil del otro día me hizo
acordar, y esto es una esperanza para los que no queremos que Brasil
salga otra vez campeón del Mundo, al Real Madrid de los últimos años,
ese no-equipo de grandes jugadores que gana la mayoría de sus partidos
gracias a espamos geniales pero que no sabe cómo salir del círculo
vicioso: la misma sensación de equipo que ya ha cruzado el pico de la
curva de rendimiento y que ahora está jugando en un paradigma aún
exitoso pero cuesta abajo. Hubo esta semana más jugadores del Real
Madrid con la camiseta de Brasil que con la de España. Quizás eso
quiera decir algo: quizás quiera decir que Brasil está confiando
demasiado en unos nombres maravillosos que quizás signifiquen menos que
hace cuatro años. El problema de Brasil, si es que tiene alguno, es el
exceso de confianza en su modelo y la religiosa certeza de que está
besado por la Historia. No Nike.

[ Esto está escrito ocho
horas antes de Argentina-SCG. Supongo que habrá comentarios al
respecto, pero he notado últimamente que me cuesta mucho más hablar de
Argentina que de los demás equipos: cunado escribo de Argentina,
escucho la melodía de lugares comunes ancestrales que me llaman, y no
puedo resistirme a repetir lo que hemos estado diciendo todos nosotros
todos estos años. Con los otros equipos soy más libre, como si tuviera
opinión propia, je. ]

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