Hernanii Mundial #4 | TP

[   publicado en Los Trabajos Prácticos   ]

Dentro de unas horas juega España y otra vez me vuelve a pasar lo
mismo: mis tripas quieren que pierda y mi cerebro no entiende por qué.

No
estoy solo, de todas maneras: muchos de los argentinos que conozco
suelen alegrarse con las derrotas de la selección española (mucho más
que con los fracasos de Italia, así que las explicaciones sobre la
sangre inmigratoria quedan bastante anuladas). Una explicación que
encuentro para esta bronca argentina, y mía, es que no queremos que
España se convierta en un grande del fútbol. Que disfrutamos el hecho
de que España, con sus jugadores razonables y su Liga de primer nivel,
no pueda estructurarse alrededor de un equipo más o menos confiable que
juegue cinco partidos seguidos bien. También tenemos pánico: España ya
nos abrochó en el tenis –Copa Davis, Nadal—, en la Fórmula 1
–Aloooonso— y en la mayoría de los deportes olímpicos, algo a los que
nosotros no le damos mucha bola pero ellos sí, porque casi siempre se
traen a casa una docena larga de medallas. Además, si buceo más
profundo y me pongo en analista, España no sólo nos superó en todos los
deportes menos el fútbol sino que además nos pasó el trapo como país:
teníamos ingresos equivalentes y problemas políticos similares en 1975
(dictadores rondando, guerrillas molestando) y ahora son tres veces más
ricos que nosotros, promediando a vuelo de pájaro el PBI medido en
dólares y el medido en PPP. Es natural que les deseemos la muerte en el
único apartado en el que todavía conservamos alguna superioridad. En mi
caso, además, también “it’s personal”: durante el Mundial de Francia
98, trabajaba en la sección de Deportes de El País, en Madrid, y el día
del partido contra Holanda por cuartos de final, dos periodistas de
otras secciones vinieron hasta Deportes a gritarme en la cara el gol de
Bergkamp que nos dejaba afuera. Me da algo de culpa desear la derrota
de España, porque es un país que me cae muy bien, donde tengo amigos y
–atención: se viene un cliché— que me ha dado mucho y donde siempre me
trataron muy bien. La culpa se me va cuando recuerdo que en España, por
alguna razón que ellos tampoco entienden del todo bien, la mayoría de
las personas se excita violentamente con las derrotas futbolísticas de
Argentina.

Los brasileños de la oficina hoy vieron el partido
con la camiseta amarilla puesta. No es que estuvieran cantando, o
festejando, o bailando: seguían sentados en sus escritorios, con las
manos sobre el teclado, viendo el partido de a ratos pero con la
camiseta puesta, como si fuera una cábala o una cosa obligatoria.
Gritaron el gol de Kaká a todo volumen, pero después se fueron
aburriendo, como todos nosotros, que para el final del partido ya
habíamos decidido dejar de simular que estábamos trabajando y nos
pusimos a trabajar de verdad.

Finalmente estoy encontrando
buen material para leer sobre el Mundial, pero la tragedia es que la
mayoría está en inglés. Como dice Santiago Segurola –el ser humano que
mejor escribe de fútbol en castellano (pronto dejará de hacerlo:
después del Mundial asumirá como jefe de Cultura y Babelia de El
País)—, los ingleses juegan feo al fútbol pero lo escriben mejor que
nadie. En Inglaterra se publican libros de fútbol todas las semanas, y
hay algunos de ellos ya son clásicos crossover para todas las edades.
Uno de esos libros es Football Against the Enemy, de Simon Kuper, que
está cubriendo el Mundial para el FT. Así empieza la crónica de Kuper de hoy sobre Brasil-Croacia, que comparto a modo de grajea:

No human team could have lived up to the hype that
surrounded Brazil, but last night they fell well short. A paceless
performance featuring an appalling Adriano and Ronaldo, the latter
looking like an outsize blow-up doll of himself, was saved by a moment
of genius from Kaka.

Hay otros libros, como el
famoso Fiebre en las gradas, de Nick Hornby, pero no quiero que parezca
que los ingleses porque escriben libros tienen una iluminación
especial. (Aunque de todas maneras sigue siendo curioso que en
Argentina se publican más libros de fútbol-ficción, los llamados
“cuentos de fútbol”, que libros de verdad sobre fútbol.) Anyway, no
quiero seguir retrasando una confesión algo humillante, y que es que el
blog del Mundial de The New Republic, una revista (¡horror!)
estadounidense, está muy bueno. Al cierre de esta edición, éste era el último post, escrito por un tal Alex Massie:

If Tunisia lose to Saudi Arabia tomorrow all five
African representatives will have been defeated in their opening
fixtures. How long will it be before someone, somewhere, publishes an
article blaming this unhappy state of affairs upon the excesses of
Western capitalism and the neo-colonial, pseudo-slavery of modern
football that forces young African footballers to seek their fame and
fortune in Europe where they are, predictably, callously mistreated by
their heartless employers? (In fact I’d wager the article is already
all but written. Probably in London, but it may be ready to be
published elsewhere too.)

En Estados Unidos,
curiosamente, nadie le da bola al Mundial, con la excepción de los
intelectuales, que vienen escribiendo sin parar sobre por qué a USA le
importa un carajo el deporte de los pies y de la “Europa socialista”,
según dijo un senador una vez en una anécdota que en estos días ya leí
por lo menos tres veces. En Slate, como casi siempre, armaron un bonito
combo, que será parte de un libro (otra vez los libros: en los mercados
maduros, con media idea ya es suficiente para ir encargando las tapas
duras; me encanta). Uno de los articulitos,
muy gracioso, es de Dave Eggers, un escritor y editor canchero y
jovencito al que además le gusta hacerse el gracioso. Otro parrafito,
que estoy generoso y ya ni me importa tener que tomarme el trabajo de
formatear los links. (“Flopping” es simular un foul):

The second and greatest, by far, obstacle to the
popularity of the World Cup, and of professional soccer in general, is
the element of flopping. Americans may generally be arrogant, but there
is one stance I stand behind, and that is the intense loathing of
penalty-fakers. There are few examples of American sports where
flopping is part of the game, much less accepted as such. The only one
of the big three sports that has a flop factor is basketball, where
players can and do occasionally exaggerate a foul against them, but get
this: The biggest flopper in the NBA is not an American at all. He’s
Argentinian! (Manu Ginobili, a phony to end all phonies, but otherwise
a very good player.)

Ya en la descripción de los
candidatos al Mundial, en el suplemento especial que salió en The New
York Times hace dos semanas, la primera característica que enumeraban
de los argentinos era que nos tirábamos todo el tiempo al suelo.
Después decían que éramos aguerridos y, finalmente, que teníamos buena
gambeta. Sería un intersante reality-check si no estuviera escrito por
un medio gringo. Pero tengo algunas ideas al respecto, sobre la
autoimagen futbolística de los argentinos –nos vemos como tiradores de
caños y el mundo nos ve como Cholos Simeones—, pero castigaré con ellas
a los lectores de TP en otra ocasión, que por hoy ya tenemos más que
suficiente.

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3 comments
  1. El bahiense said:

    No. No, no. No, no, no, no y no. No es el fútbol el único deporte en el que estamos por encima de España: en el básquetbol también, ni hablar. Pero ni hablar, ¿eh? Desde Indianápolis 2002 (primera vez que un equipo de EE.UU formado por NBA perdió: les ganamos nosotros; después los árbitros nos afanaron en la final con Serbia y Montenegro)hasta ahora, que tenemos colgada la medalla de oro de Atenas 2004, estamos allá arriba. No hay discusión. Más: está por empezar la final de la ACB y hay cuatro argentinos (dos en el Tau y dos en Unicaja). Y no quiero seguir y aburrir. Ah, otra cosa. Ginóbili no es ningún flopper: si alguien empieza a definirlo por ese lado, no entendió nada de nada. Pero de nada. “Manu” va al frente como un cornalito y así le dan garrote: hay que verle los moretones con que termina cada juego.
    Perdón por la verborragia bahiense. Se me sale.

  2. R said:

    No voy a entrar a valorar el calentón nacionalista pero en España prensa y afición desean una final España (por ser la selección nacional) contra Argentina (por buen juego). Ahora bien, no hay nada como buscarse enemigos para excusar cualquier pecado.

  3. Héctor said:

    Muy de acuerdo en lo de Santiago Segurola, bastante en desacuerdo con que los españoles desean la derrota argentina. Posiblemente topaste en Miguel Yuste con algún neerlandófilo, pero puedo asegurarte que la mayor parte de los españoles, de no ganar nuestra selección, deseamos la victoria de Argentina o (si me aceptan la utopía) de México. Sea porque sus jugadores militan en nuestros equipos, sea por la competitividad de su selección, por los lazos idiomáticos, sea porque Maradona comenta los partidos de la selección española para la televisión nacional… nuestra segunda opción será siempre suya.