Hernanii Mundial #2

[   publicado en Los Trabajos Prácticos   ]

Quintín quiere que escriba de Argentina, pero 24 horas después ya se me
fue bastante de esa energía irracional que le permite a uno decir cosas
semi-graciosas sobre un partido de fútbol. Sí me gustaría hablar un
minuto sobre el concepto de “tener la pelota”. La weltanschauung del
fútbol argentino dedica un cariñoso casillero a la idea de “tener la
pelota”, que consiste idealmente en bajar la velocidad de un partido en
el que uno va ganando con pases laterales y al pie, y cuyo objetivo es
exasperar y desalentar al rival. A muchos jugadores incluso se los
valora por su capacidad para “tener la pelota”, y probablemente haya
sido esa cosmovisión la que detonó ayer en la cabeza de Pekerman para
meter a Lucho González en lugar de Saviola. Más allá de la actuación de
Lucho, que no fue buena, hace ya un tiempo que tengo la sensación de
que esta cosa de “tener la pelota” funciona cada vez peor y que es uno
de los muchos mitos –como el del “10” con poderes plenipotenciarios— a
los nos vendría muy bien sacarnos de encima. En la última media hora
del partido de ayer, cada vez que el equipo intentó conscientemente
“tener la pelota” –esto es: Riquelme o cualquier otro frenando una
posibilidad de contraataque porque suponían que era más útil dársela a
Burdisso o a Mascherano y “tener la pelota”—, el desenlace fue casi
siempre igual: cuatro o cinco pases, el último de ellos a Ayala o
Heinze, quienes, ya con los rivales encima, la tenían que reventar lo
más lejos posible.
Lejos de exasperar a los marfileños, el mensaje que emitía Argentina
era “ya no atacamos más”: con un solo delantero y la voluntad
falsamente toquetera del medio, Argentina se negó durante la media hora
final la posibilidad de meter un gol (creo que pateó una sola vez,
aquella de Riquelme que el arquero dio rebote y Maxi Rodríguez la metió
en off-side), envalentonando a los marfileños, que apretaron el puñal
entre las mandíbulas y fueron a ver qué pasaba. Terminamos pidiendo la
hora en un partido que hasta el minuto 60-65 estaba controladísimo.
Creo, entonces, que el recurso de “tener la pelota” está sobrevalorado,
por lo menos en sus aplicaciones prácticas: teóricamente puede servir
como un slogan de motivación espiritual, que sirva para convencer al
equipo que Argentina debe ser uno de los equipos amigos de la pelota,
de los que disfrutan y saben hacer daño con ella. Pero si “tener la
pelota” sólo sirve para sacarnos filo, hacernos inofensivos y perder la
bola sólo 15 segundos después de que si hubiéramos intentando llegar al
área de forma más directa, entonces casi siempre se vuelve en contra.
Me despido con una preocupación: el equipo, contra lo que habíamos
pronosticado algunos, parece más armado en función de Sorín que de
Riquelme. Los técnicos, como buenos semidioses que disfrutan del
control de quienes tienen a cargo, son en general partidarios de la
simetría: la mayoría de los equipos, si se los corta con una línea que
va de arco a arco, casi siempre tienen el mismo aspecto de un lado que
del otro. No es el caso de Argentina, que nominalmente tiene cuatro
defensores pero muchas veces tiene tres, por el adelantamiento del
capitán. Esto no sería un problema –la flexibilidad, bien administrada,
casi siempre es beneficiosa— si no obligara a Cambiasso y a Mascherano
a amontonarse en el medio (Y a que quizás por ese motivo Pekerman dejó
a Zanetti en Buenos Aires y convoca laterales derechos con nulos
entusiasmos ofensivos). Cambiasso y Mascherano jugaron bastante mal
ayer. No lo hicieron en línea, sino que Mascherano jugó más atrás, casi
con el traste entre los centrales, y Cambiasso por delante, saliendo a
presionar a veces. El carril izquierdo, pista libre para Sorín; el
derecho, compartido entre Burdisso y Maxi Rodríguez, uno más retrasado
y otro más adelantado que Sorín. Es una ingeniería táctica que puede
funcionar: así fue durante dos tercios del partido contra Costa de
Marfil. Pero funciona sobre piolines: así como está no se puede
lesionar Sorín y sólo se puede cambiar a Maxi Rodríguez por Lucho
González, únicos derechos con espíritu de mediocampistas y llegada
decente al área contraria. (Además, con el esquema como está, solo
pueden jugar o Tévez o Messi. Por ahora no lo está haciendo ninguno de
los dos, por lo que tener a uno adentro ya sería bastante. Pero los dos
juntos, con el equipo parado así, parece bastante difícil).
Finalmente, ninguno de los diarios notó el gran cambio de Beenhakker
con TyT, que puso a un delantero en lugar de un volante cuando se quedó
con uno menos: todo el mundo destaca el “tesón” y la “garra” de los
triniteños, quienes la tuvieron, pero nadie tuvo ganas de mirar el real
partido de fútbol que se estaba jugando. Otra notita sobre TyT:
emocionante ver a Dwight Yorke, delantero-goleador de los que sólo
juegan de eso, de meter goles, a los 34 años jugando de “5” a lo Omar
Palma o Jorge Burruchaga en sus últimos años en Central e
Independiente: sin tirarse al piso, tocando para los costados,
domesticando a las fieras que los corretean sin parar por los costados.
Mañana, como agradecido residente con green card, hincharé por Estados
Unidos en el partido contra los checos: un poco porque me hace gracia,
un porque los checos son uno de los equipos más over-hyped de los
últimos años y un poco porque es el único suceso mundial donde EE.UU.
todavía tiene algo del romanticismo de las cenicientas.

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3 comments
  1. calixto said:

    te juro que estoy haciendo fuerza por tu país adoptivo. pero el segundo golazo checo me pudo. seguí escribiendo sobre fútbol.

  2. Coincido. Yo creo que Lucho González ni siquiera tendría que estar en el plantel, para eso podía llevar a Demichelis. Pero ya está hecho, ahora hay que esperar a ver qué pasa cuando nos jueguen de contragolpe. El partido del sábado fue a pedir de Ayala, él es ideal para aguantar. Pero Burdisso me dejó preocupado.
    Muy bien los de arriba, en especial Saviola. Estoy cansado de los delanteros que en nombre de su virtud goleadora pueden limitarse a mirar el partido “creando espacios” en vez de tirar paredes y encarar defensores. Saviola hizo el gol del triunfo y volvió locos a los marfileños.
    En cuanto al medio, no me gustó la dupla Mascherano-Cambiasso, que se pierde cada vez que Sorín decide salir y no volver. Soy sincero: Detesto el juego de Sorín, feo y embarullado. Dicen que es importante, pero todavía no sé de qué juega.
    ¿Y Riquelme? ¿Se puede ser figura de un Mundial jugando diez minutos? Al parecer los europeos piensan que sí:
    http://www.lanacion.com.ar/coberturaespecial/mundial2006/nota.asp?nota_id=813951

  3. Martín said:

    Her
    Por tu conocimiento de la prensa deportiva europea y la comparación con la Argentina, por qué te parece que Riquelme promedió un 8 en diarios de UE y acá, en cambio, se lo puntuó con 5 o 6. Adicionalmente, no te pareció que Argentina fue un caos desordenado y que Costa de Marfil fue mucho más agresivo e interesante que los nuestros?
    Mascherano y Cambiasso, un desastre. Pero le erraste con República Checa overhyped.