Hernanii Mundial | TP

[   publicado en Los Trabajos Prácticos   ]

Vi el partido solo, en el sillón de mi casa, sin haberme duchado, en la
misma posición en la que a las nueve de la mañana había visto
Inglaterra-Paraguay y, a las doce del mediodía, Suecia-TyT. Rechacé dos
ofertas para ver el partido en patota: una en un bar-pizzería de
Midtown, rodeado de una cantidad de argentinos imposible de definir con
antelación y frente a dos pantallas gigantes cuya calidad sólo podría
evaluar en ese momento; y otra en Inwood, un sub-barrio de Harlem, con
pocos argentinos y muchos no-argentinos, a donde Semán me quiso
arrastrar con la promesa de medialunas y dulce de leche. Mantuve mis
convicciones y mi domicilio: son las seis y veinte de la tarde y
todavía no salí de casa. Comprendo a quienes les gusta ver el partido
en multitud –una buena ocasión para beber y hacer encares sexuales en
la siempre fácil cancha de la excitación colectiva—, pero también sé
que para quienes concurren a estas reuniones el fútbol es sólo uno de
los muchos ingredientes prometidos por la jornada. Como actualmente
estoy fuera del mercado de carne, y realmente tenía ganas de ver el
partido, de absorberlo y sentirlo hasta el más mínimo detalle, me
arriesgué a ser calificado de amargo, y dije no. Qué bien la pasé: ocho
horas en el sofá sin culpa ni reproches –la señora de la casa ha
logrado comprender la importancia del evento— llenándome de fútbol y de
la inexplicabele electricidad que tienen los primeros ocho o nueve días
de cada Mundial.
Qué difícil que está siendo leer cosas interesantes sobre la Copa del
Mundo, sobre todo desde que El País sólo nos permite acceso a los
cables y nos niega a Segurola y los demás. Si alguien tiene algún
columnista o un diario o algún blog que agregar a los que ya todos
conocemos, por favor que escriba y nos avise. No quiero armar una
polémica con esto, ni hacer un “gran análisis” sobre el estado de la
prensa deportiva, pero el hecho de que solamente Quintín se haya
entusiasmado con el juego de Alemania, comparándolo con el histórico
amarretismo germánico, me parece deprimente. Se repite mucho y se
piensa poco. Y cómo rompen las pelotas con los “errores defensivos”.
Pero esperemos, ya aparecerá algo: estoy ávido, con muchas ganas de
leer, y la mayoría de lo que me encuentro me dura muy poquito, o me
parece que ya lo leí, o no tengo la energía para excavar por debajo de
los lugares comunes, o desperdician el primer párrafo hablando de
“sensaciones”. Por ejemplo: me gustaría ver mañana que alguien destaque
algo más que “la garra y el corazón” de Trinidad y Tobago, y que
alguien note que, con uno menos, Beenhakker sacó a un volante y puso a
un casi-delantero, el que metió el tiro en el travesaño. TyT se salvó
de milagro, pero además jugaron bastante bien, y eso que tienen dos o
tres jugadores –especialmente el blanquito— a los que les costaría ser
titulares en un equipo medio de la B Nacional. Demasiado temprano para
hablar de Argentina. Primero que lo haga Quintín.

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