Scarlett Johansson | Cinemanía

En el último número de Cinemanía, que se publica en estos días, este perfil (escrito por mí) sobre Scarlett Johansson. Así empieza:

Lo primero que muchos de nosotros recordamos de Scarlett Johansson es una bombacha rosa semitransparente, la forma cotidiana de un traste aburrido y unas letritas blancas sobreimpresas que dicen: Lost in Translation (Perdidos en Tokio). Hasta entonces, su nombre había sido uno más en la nebulosa de jóvenes actrices posadolescentes luchando por ingresar en la adultez, un purgatorio del que muchas en Hollywood, a la espera del papel salvador, no salen nunca. Johansson había sido, por supuesto, “la nena” de El señor de los caballos y “la amiga” de Thora Birch en Ghost World, pero viéndola sentada, con esa mirada triste, contra la ventana de acrílico del Hotel Park Hyatt de Tokio, la ciudad azul y gris que está 100 metros más abajo, dos minutos después de empezada la película ya sabemos que la tenemos tatuada en la memoria y que no vamos a volver a confundirla con nadie.

A Perdidos en Tokio le perdonamos las docenas de chistes sobre el acento de los japoneses y la a veces desagradable sensación de superioridad con la que Charlotte y Bob, los protagonistas, tratan al Japón que los rodea. Lo hacemos principalmente porque es una película hermosa: esa belleza quieta –la de los días nublados y sordos, la del indolente lujo cinco estrellas pagado por corporaciones desconocidas, la de Bill Murray desafinando y soltándose en el karaoke de “More than This”, la del susurro final en el oído– es la que nos mantiene siempre cerca de la película, sonriendo de placer cuando Scarlett, con peluca fucsia y un poco borracha, se ríe por primera vez y nos deja entrar a todos, también a Bill Murray, en sus adorables ojos de niña melancólica.

A partir de ahí, desde ese momento, todo cambió para ella. Dos años después ya había sido nombrada la mujer más sexy del mundo por la revista FHM y había rondado el top 5 en otros de los muchos ránkings similares que se publican cada fin de año. Lo que es más difícil de explicar es por qué toda la explosión ocurrió a partir de la Charlotte de Perdidos en Tokio, un papel que está lejos de ser material de póster: ella es una licenciada en filosofía más cerebral que sensual, más taciturna que pizpireta, más Sofia Coppola que Kelly, la actriz-rubia-tilinga que también se hospeda en el hotel y de quien la película se burla sin piedad.

[ el texto completo, en este archivo pdf.  ]

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4 comments
  1. Anonymous said:

    un deleite el texto y la niña

  2. Sol said:

    Hernán Hola!!!
    No vas a saber quién soy, nos conocimos hace tanto tiempo…
    Sólo sucedió que vi una nota sobre vos en una revista que decía que habías publicado un libro habiéndo ganado un concurso de Editorial Planeta.
    ¡Me dió mucha alegía!
    En aquel momento, me habías dado para leer algo escrito por vos pero de ficción… espero que eso también siga en curso.
    Te dejo un beso muy grande.
    ¡Te felicito!
    Sol

  3. Scarlett anunció su compromiso con el también actor Ryan Reynolds en mayo de 2008 en una gala del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York. La pareja había estado en una relación desde febrero 2007. El 28 de septiembre de 2008, la pareja anunció a la revista People que se había casado en la más estricta intimidad en las afueras de Vancouver, Canadá.[

  4. con peluca fucsia y un poco borracha, se ríe por primera vez y nos deja entrar a todos, también a Bill Murray, en sus adorables ojos de niña melancólica.