Hace tanto que no posteo. No sé en qué estuve pensando esta semana. En un montón de cosas, probablemente, pero en esas cosas que te pasan por el cerebro rapidito, revolotean, después se van, te las acordás otra vez durante un bostezo en el subte, decís "tengo que anotar esto" pero te distraés con la tapa del NY Post que alguien dejó tirada, y después ya nunca más.
   Una de estas cosas que fue y volvió en estos días fueron mis conversaciones con Javier y Julián, dos amigos españoles que estuvieron acá de vacaciones la semana pasada. Hablábamos un poco de la vida, de nuestros amigos de 1998, de la gente que no vemos y a la que ya no veremos, de política.
   No me acuerdo bien cómo se fueron encadenando los temas —así son las conversaciones, especialmente de madrugada, interrumpidas por tragos de whisky o de cerveza, su coherencia amenazada por una buena canción o un top ajustado—, pero en un momento llegamos a las protestas de hace poco de los estudiantes franceses, con los que ellos parecían simpatizar y yo no tanto. En un momento dije:
   —Leí una estadística que me parece impresionante. El 75% de los pibes franceses dice que lo mejor que les podría pasar es conseguir un laburo en el Estado, y quedarse ahí para siempre.
   —Por supuesto. Saben que están salvados.
   —¿Pero eso no es un poco aburrido? Yo entiendo que, para la generación de nuestros padres, el empleo de por vida fuera un objetivo deseable. ¿Pero todavía? ¿No es un poco, no sé, mediocre pensar así?
   —Para nada, en absoluto. El trabajo es el impuesto que tenemos que pagar para vivir como vivimos —dijo Julián, que siempre tuvo oído para las frases afiladas, y estalló en una carcajada que casi lo voltea del banquito del bar cuya propiedad es atribuida a Tim Robbins, en el East Village, y que en esa noche de martes no había casi nadie.
   La conversación se fue para otro lado, pero yo me quedé pensando. Para mí un empleo de por vida —la misma oficina, el mismo trabajo, el mismo jefe, sin ascensos ni brisas— es algo tan poco seductor que me deprime pensar que gente más joven que yo pueda estar demandándolo. Incluso me parece que Mayo del 68 estuvo más en contra de estas vidas aburridas y estables que contra el capitalismo: la generación de la vida y la imaginación contra la generación de la posguerra atornillada a sus empleos, de casa al trabajo y del trabajo a casa.
   Todo esto es difícil de explicar, porque podría tener efectos sobre la legislación laboral que uno cree más apta. Pero me rindo a la evidencia: si quieren rigidez, tomen rigidez.
   Otra amiga española, de la que hacía tiempo no sabía nada, me contó el otro día en que andaba su vida:

Sigo trabajando en Cxxxxx —en junio hará 8 años—, un poquito más quemada, pero de vez en cuando todavía consigo que el trabajo me ilusione. Nos hemos mudado, tanto en el trabajo como en la vida privada. Ahora el megaedificio de Sxxxxxxxx está en Tres Cantos y yo estoy viviendo en una casita en un pueblo de la sierra. Más o menos esto es todo. Ni boda ni niños ni proyectos cercanos.

La sensación que tengo de mis amigos españoles es de una estabilidad tan envidiable como resignada. Siempre están más o menos bien. No sé bien qué quiero decir con todo esto. A mis amigos españoles les costó años conseguir trabajos fijos, después de decenas de contratos temporales precarizados y malísimos. Pero, o por eso, cuando los consiguieron, no van a hacer nada para salir de ahí. Están comodísimos. En Argentina pasa algo parecido entre los periodistas —¡ah, el estatuto!—, pero menos en el resto de la gente, quizás porque tienen menos para perder. Hay más energía, más ideas: quizás son las ideas de los desesperados, de los que están forzados a inventarse una gambeta nueva todos los días, o quizás no. En el salvaje pero con pleno empleo mercado de Estados Unidos todos están hirviendo: la gente salta de un lado para otro, a veces a propósito y a veces sin querer, pero me parece que estoy mejor dispuesto —genéticamente, quiero decir; algunos dirán ideológicamente, como si las dos cosas estuvieran completamente separadas— para un mercado en ebullición, donde puedas dejar un trabajo aburrido sin el pánico de que mañana no encontrarás otro, aun a riesgo de que tu jefe se pueda aburrir de vos y hacer lo mismo. Pero no a todos les podemos pedir iniciativa y creatividad: los cansados, los resignados, los domésticos, también tienen derecho a trabajar en piloto automático, con la energía puesta en hijos y gadgets y fútbol, sin miedo a que lo rajen al día siguiente.
   ¿Alguien quiere un trabajo para toda la vida? Hablo del mismo trabajo, el mismo trabajo toda la vida. ¿Alguien quiere algo así? En el caso de que sí, ¿cómo es posible que una idea tan alienante, tan reprimida, tan puritana y tan disciplinadora sea considerada una idea progresista? No me lo explico.

12 comments
  1. Totalmente de acuerdo con vos. Trabajo en un organismo público argentino y lo tomo como una etapa necesaria en aras de la estabilidad que necesito en este momento, casado hace poco y teniendo hijos. Pero sueño con el día en que vuelva al vertiginoso sector privado (con sus grandes excepciones, ojo) y me corran con el rendimiento. No es que no me suceda donde estoy, porque dentro del Estado es de lo más profesionalizado que hay, pero veo a algunos dinosaurios acá dentro y es como verle la cara a un futuro posible que no quiero.
    Creo que en la vida hay etapas para la estabilidad y etapas para el crecimiento. Pero está claro que el que no sueña, imagina, crea, arriesga y concreta (en este orden) tardará más en crecer.

  2. Pablo Poblet said:

    El trabajo para toda la vida, o la estabilidad del empleo público en nuestro país, fue impuesto, paradógicamente, por los militares (año 1957) en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Los progresistas (la izquierda caviar) no ven que además de lo que mencionás, se trata de una desagradable desigualdad ante la ley para aquellos que no tienen estabilidad en su laburo, lo que constituye un privilegio insoportable. Tampoco ven, que el sueldo se lo pagan los mismos laburantes inestables, al igual que sus jubilaciones y obras sociales fundidas. Lamento si te deprimí.
    Arrivederci

  3. Estoy en desacuerdo con la estabilidad en el empleo público. Es una injusticia a todas luces para con el sector privado, y un pésimo incentivo para el sector público. Este beneficio se ve diariamente en personajes achanchados por los años, que para colmo se quejan de todo lo que pueden, como para sentirse imprescindibles.

  4. Mariache said:

    Pero por favor, ¿es tan raro querer un trabajo tranquilo, razonablemente bien pagado, donde se te reconozcan ciertos derechos? ¿Un trabajo que no te esclavice a todas horas, que no sea necesariamente lo único, ni siquiera lo más importante que haces cada día, que te deje vida y energía para tus cosas? Si te hartas, si quieres otra cosa, te pides una excedencia, o renuncias, y te vas. Pero cuando tú decidas. Cuando te convenga a ti. Cualquiera que haya estado un tiempito pringando, entre la precariedad y el desastre, entenderá este deseo tan burgués y tan antinatural. Yo, por ejemplo, en ocho años viví en seis ciudades distintas y me mudé catorce veces. Ahora trabajo en la universidad, hace casi dos años que vivo en la misma ciudad (pequeña y perdida en medio del mar, sí, qué pasa) y, atención, hace casi dos años que nadie me grita. ¿Te parece poco?

  5. layla said:

    Buscar un lugar en el mundo y saber que hacer al encontrarlo ,puede llevar toda una vida. Dedicarse a lo que uno siempre soñó y estar feliz de eso está muy lejos de ser una realidad reprimida, puritana o disciplinadora (especialmente tratandose de mí).

  6. R said:

    Ser funcionario no significa tener siempre el mismo trabajo. Dentro de la Administración pública se puede ascender, cambiar de departamento o tomarse una excedencia para hacer lo que te dé la gana durante un tiempo determinado. El Gobierno español acaba de acordar con los sindicatos un Estatuto de la Función Pública donde el trabajo de los funcionarios será evaluado. No permite el despido pero sí el traslado a otro puesto (algo es algo) si el desempeño de la labor no es la adecuada.

  7. blubliblu said:

    Todo el dia leyendo de este blog. Blogadicta. Esteblogadicta. Linda manera de promover un espiritu patrio escribiendo posts tan copaditos. Claro que esto desentona, ojeando por 5ta vez este comment en preview y comparando con mis 6 compañeros, pero la informacion esta en la diferencia. Son las 12.51 am y no me dejas ir a dormir. Mañana es el viernes mas lunes del año.
    Feliz dia para todos los compas.

  8. Santi said:

    Vivo en España y tengo la misma sensación que Hernán respecto a cierta pachorra por estos lados.
    Respecto a los comments, coincido en que no todo tiene que ser inestabilidad y no coincido con que trabajar en lugares en ebullución signifique que te griten y te traten mal, eso es otra cosa.
    A propósito de Francia (y cierta actitud parecida en españa), hace poco Felipe Gonzalez se referia a esto (y otras cosas) como la “dulce decadencia de Europa”.

  9. Anonymous said:

    Herny,
    Paso a explicarte lo que no entendés. El trabajo rutinario y estable se hace seductor ante el panorama general de la sociedad actual en la que nos toca vivir. Sucede que el rey del mercado en ebullición que tanto te gusta es Bill Gates. Ese baruyo inestable lo máximo que te puede llegar a dar es eso: Millones en esa forma: Millones para un imbécil. El costo del éxito en el mercado es justamente terminar totalmente alienado, no a un jefe en particular ni a una rutina laboral específica, sino a ese modo de vida que no tiene un afuera: para ser exitoso en el mercado tenés que creer en el producto que vendés. Y si el producto sos vos… Estás en problemas, amigo… Así que bueno, lo mejor que este mundito de mierda ofrece terminan siendo 8 horas arriba de la línea de la pobreza con la menor incidencia de puterío (gente queriendo ganar dinero) posible, para después, si es que todavía el sol no se puso en el horizonte ni la mente está quemada como un fósforo, hacer otro tipo de cosas, esas que nada tienen que ver con el mercado. Tratar humildísimamente de ser algo en la continuidad de Borges o Picasso, no de Bill Gates.
    Saludos

  10. dragon said:

    Algunas aristas:
    1. En Europa se labura muchísimo menos que en Argentina. Semanas de 35 horas, 5 o 6 semanas de vacaciones por año (en destinos exóticos pagados con poderosos euros), feriados a cada rato, jubilación a los 55… Y esto a veces en el sector privado mismo. Cómo los pendejos no van a flashear! Para el argentino acostumbrado a deslomarse, el laburo sigue siendo una carga bíblica. Para el europeo (con laburo) el foco está en el ocio y por eso la noción de tedio le es más remota.
    2. Todos los europeos saben bien que ese empleo estable que consiguieron luego de años de trasegar implica automáticamente el desempleo o la inestabilidad de sus compatriotas. Aún así, al compararse (favorablemente) con los yanquis, la van de “solidarios” o “progres”. Joder!
    3. Me contaron que en los ’60 en Argentina los periódicos publicaban búsquedas laborales todos los días y no sólo los domingos como ahora. Uno compraba el diario temprano y podía presentarse a la entrevista ese mediodía mismo. De hecho ocurría esa frase de las pelis: “Cuándo empiezo a trabajar? Si lo desea ahora mismo!”, sin grafología ni psicotécnicos mediante. Esta situación podría haber sido desencadenada porque tu viejo te había conminado, bajando el volumen del tocadiscos, con un: “Vago! Andá a laburar!”, o bien porque tu jefe o el tedio de la oficina te tenían hartos. Esto existió y no tenía nada de “milagroso” ni que ver con Bill Gates ni es por consiguiente un atributo exclusivo de yanquilandia y su salvaje “neoliberalismo”.
    4. De lo que se trata es de tener opciones. Hay gente que trabaja para hacer otra cosa y por ende lo que cuenta es la el flujo de caja constante y con el menor esfuerzo posible. Para otros en cambio (la mayoría) el trabajo es una de las cosas importantes de la vida, al menos por las horas de vida que ocupa. Por ello hacer lo mismo durante los 40 o 45 años de vida laboral está igual de mal que tener sexo en la posición del misionero durante 45 años (à la farmacéutico de Doña Flor). No se me ocurre qué argumento deconstructivo “progre” o siquiera “joven” pueda justificar esto último.

  11. CEPI said:

    En Argentina asociar estabilidad laboral a empleo público es algo que atrasa por lo menos 16 años.
    Por una cuestión casi ideológica he intentado trabajar siempre en el sector público en áreas que me interesan y si bien he tenido que “transar” alguna vez con el sector privado siempre he logrado volver a mi “primer amor”. Ahora, en estos 14 años de “adult life” NUNCA trabajé para el sector público con algo más estable que un contrato LS de 1 año de duración. La mayoría de las veces fueron semestrales, y algunas hasta trimestrales. Casi toda la gente de mi edad (entre 30-35)se encuentra en esta situación. Los profesionales de esa franja etaria que laburamos en el estado no somos la representación de la estabilidad sino la flexibilización en su máxima expresión: no vacaciones, no despido justificado, no indemnización, no aguinaldo, no obra social, no aportes patronales, no sindicato, no nada.
    El núcleo duro de empleados públicos de carrera está lenta pero “vegetativamente” en camino a la extinción. No se si esto es malo o bueno y quiero aclarar que no me estoy quejando, hasta puedo decir que gusta esta forma de trabajo… y ahora me tengo que ir a ver a un tipo que me ofreció un contrato en otro lado, para volver a cambiarme por segunda vez en menos de tres años (y octava desde el 92 contando mis aventuras por empresas multinacionales top en las que sí odié trabajar).
    Pero ojo, si bien no me resulta un castigo bíblico ni ahí el laburo rentado me parece lo más importante o placentero a lo que dedico mi tiempo, es sólo una fuente de ingresos.
    Salvo algunas excepciones, no me cae muy bien que la gente se defina por su profesión.

  12. Anonymous said:

    ¿Por qué las ideas progresistas siempre tiene que ser positivas? La mayoría de los progresistas y sus ideas son claramente pesimistas. De hecho, es progresista porque es una idea alienante, puritana y reprimida. La mayoría de los progresistas terminan en un escritorio, “intentando seguir la línea de Borges, Picasso”, como dijo el último posteador. ¡Felicitaciones por el Blog!