Minitrue | TP

Se me ocurren pocos debates más agotados y estupidizados que el de la
objetividad del periodismo, pero, aún así, cuando uno se encuentra
seguiditos tres ejemplos de celebraciones de la subjetividad porque
sirve de vale-todo y un cuarto que finalmente dice lo que uno hace
tiempo venía intuyendo pero no podía poner en sujeto y predicado, y
después de sentirse raro por pagar 7,50 dólares por media libra de
dulce de membrillo (un postre popular convertido en delicatessen; les
hago la cuenta: como 100 pesos el kilo), entonces uno vuelve a meterse
en el debate, sin tener del todo claras sus propias ideas pero tratando
de empujar la agujita del amperímetro para el lado de la sensatez…

[el texto completo, en Los Trabajos Prácticos ]

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1 comment
  1. Interesante. Yo también estoy cansado de la polémica sobre la objetividad del periodismo, y del debate sobre la objetividad de cualquier visión propia que se intente expresar sobre temas candentes y no entran en lo políticamente correcto. Me refiero a la famosa espiral del silencio.
    En la Argentina poco tolerante, opinar distinto de la mayoría (o de las minorías que detentan el poder de decir quién puede opinar sobre cierto tema) implica a veces ser descalificado como posible poseedor de la verdad, o al menos de una parte de ella.
    Creo que todo pasa por una cuestión de honestidad intelectual. Uno sabe por qué arrabales ideológicos anda, pero eso no es impedimento para intentar ver las cosas de la manera más objetiva posible.
    Disiento en lo que hace a los principios de Walsh, pero no es ese el tema central de esta columna tuya.
    Saludos.