Ayer. Entrevista para la Green Card. Teníamos cita a las 7:15AM, en la temible fortaleza de 26 Federal Plaza, en el downtown de Manhattan. En la brillante y blanca sala de espera, una mujer, negra, gorda y musulmana, vestida con una túnica violeta y de nacionalidad inadivinable, no mueve un músculo ante el llanto de sus dos hijos. Los demás, que parpadeamos ante el neón y tragamos como podemos el café de la máquina, no nos atrevemos a decirle nada. Con cada pareja, con cada matrimonio, abogados de trajes baratos y apellidos italianos sueltan su discurso de cada día. Nuestra abogada, a la que no conocíamos hasta hace diez minutos, es una rubia bajita y eléctrica que nos da consejos contradictorios: a veces dice que es mejor contestar las preguntas de manera natural, como en una conversación, y otras veces dice que mejor contestar al punto, con monosílabos.
Nos llaman ("Jernán", siempre dicen, la hache nunca es muda en este país). En una oficina oscura, con más aspecto de ministerio, nos hacen preguntas como en una película:
—¿Cómo conoció a su mujer?
—Bueno, ella fue de vacaciones a Buenos Aires, se quedó los primeros días en la casa de un amigo, una noche fuimos a comer con mi amigo y ella estaba ahí…
—¿Y entonces?
"¿Y entonces qué?", pensaba yo. El tipo, simpático, joven, con poco aspecto de empleado público, hojeaba la pila de papeles de 10 centímetros de alto que acabábamos de entregarle: partidas de nacimiento, fotos de nuestros casamientos, cuentas de banco comunes, boletas de luz, mi suscripción al Economist: pruebas de convivencia y de una dosis  razonable de amor.
—¿Dónde comieron anoche?
—En Lemongrass Grill, un restaurante tailandés en Brooklyn.
—I see.
Pasó rápido, y con poco dolor. No suelo ponerme nervioso en los interrogatorios. Pero a I. le transpiraban las manos. Nuestra abogada, siempre sonriendo, daba saltitos en su silla. Bufido del oficial, que dice:
—Well, it’s not my decision, but I think you are pretty solid.
Eso significa, aparentemente, que dentro de un mes me llegará por correo la Green Card, la tarjeta de residencia permanente en USA. Increíble. Los beneficios económicos del amor.

2 comments
  1. Si lo sabré… Pasé por todo eso hace casi 20 años. Ciudadano desde el 98. Se la angustia e incertidumbre que se siente. Suerte!
    Luis

  2. majo said:

    No hace falta tanto registro para darse cuenta de lo evidente.
    Pero para los que no creen en lso papeles, hay veces que es imposible evitarlos!!