Escribo esto desde un deprimente y anónimo Ramada Inn, rodeado de autopistas y playas de estacionamiento, a diez minutos del aeropuerto JFK, de Nueva York. Esta noche debíamos partir hacia Buenos Aires, pero American Airlines canceló nuestro vuelo sin pedir perdón ni permiso y dándonos un voucher de 10 dólares para morfar. El buffet del restaurant del hotel, lo único que se puede comer, cuesta US$ 25.
—Che, viejo, como nos embromaron —escucho a la gente en el bar del hotel, que está lleno de argentinos en jogging y camperas de jean.
—Estos son unos hijos de puta.
Nos quejamos unos con otros, exagerando un poco nuestro acento porteño. I. y yo comemos con un geólogo neoyorquino que se va a un congreso en Mendoza. Buen pibe; novia argentina. Dedicará la próxima década de su vida a tratar de descubrir por qué el altiplano boliviano se elevó 3.000 metros en cuatro millones de años. "A los pedos", dice Greg, con su porteño de erres blandas. Mis cortas vacaciones porteñas acaban de perder un día. Da bronca, pero bueno, ya está. Ahora transpiro en este cuarto de hotel con wi-fi gratis y una calefacción imposible de manejar. Mañana, a las seis arriba, y a rogar para que el avión salga en hora y llegue ídem.

3 comments
  1. Paterna said:

    Algo más te deberían haber dado… aunque sea uno de esos packs de galletita de agua, namur y alfajor que te daban en los micros a la costa.

  2. Es increíble que te den apenas 10 dólares, una tomadura de pelo. Coincido con la observación de Paterna. Unos Turimar por lo menos no habrían estado mal.
    Lo peor es que te dejaron sin un día tan preciado de vacaciones.