Pekerman anti-zeitgeist | TP

Después de la caída de Ibarra, sólo un pequeño grupúsculo de frepasismo
sentimental se mantiene en el poder: el que forman Juan Pablo Sorín y
José Pekerman, la pareja de porteños judíos progresistas de clase media
que, uno como capitán y el otro como técnico, llevarán a la selección
argentina a la ruleta del Mundial de Alemania, en junio.
Al igual que el Frepaso, las ideas de Pekerman parecían mucho más
claras en los noventa que ahora. Pekerman hizo fama ganando dos
Mundiales Sub-20 con un estilo que fue bien recibido tanto por los
tradicionalistas como por los modernistas: un equipo que “hacía la
nuestra” (el concepto mítico fundacional del fútbol argentino: una
mezcla variable de gambeta, viveza y patadas) al mismo tiempo que
ganaba los premios “fair play” y sus éxitos parecían parte de una
estudiada planificación de largo plazo. La primera cualidad hacía
vibrar al nacionalismo mágico del paganismo clarinista; la segunda, a
los cosmopolitas vagamente menemoides que piden (pedimos) “políticas de
Estado” a los gobiernos. Así, en 1995 y 1997, dos años de elecciones
clave para el nacimiento de la parábola frepasista, Pekerman ganó dos
mundiales sentado en el espíritu de la época: sí a la globalización,
pero con un toque de personalidad propia (o sensibilidad social, según
los términos del momento). Los Pekerman-Boys salían campeones,
costumbre cara al peronismo, y además leían libros, lo que entibiaba
los corazones del electorado porteño.
Diez años más tarde, la maravillosa claridad ideológica del
antimenemismo se ha partido en mil pedazos. El optimismo del Frepaso,
esa sensación de que se podía “hacer la nuestra” con el capitalismo
global, ya no existe, y las señales que emite la época son más bien de
antiglobalización, de nostalgia por años pasados…

[ el texto completo, en Los Trabajos Prácticos ]

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3 comments
  1. Anonymous said:

    Gran texto
    Abrazo
    MT

  2. Yo mismo said:

    La verdad que como periodista sos un mal ex-futbolista (lástima que te resistís!).
    Y además un snob.

  3. Martín said:

    Siempre me faltó una buena palabra para definir ese vínculo obvio entre Pekerman y Sorín: “paganismo” me parece buena (“marinismo” o “scherismo” también funcionarían), pero frepasismo directamente es brillante. Es ese raro momento en que los conceptos encajan con los objetos. Sorín vs. Verón es la estética frepasista y progre vs. la estética menemista y frívola.
    Haber descubierto La Ciencia Maldita y Bonk (además de Placas Rojas y Bambifrases, en otros rubros) ya me parecía más que interesante, pero como afortunadamente todos ustedes parecen conocerse, linkeando llegué hasta acá. Acá la palabra definitoria no es frepasismo, es un posmo-liberalismo-superado muy bienvenido. Salud.