Esteban Schmidt, de vigilia en TP, golpea las cabecitas repetidoras del ibarrismo con una originalidad y una convicción imposibles de leer en otro lado. Así empieza:

Como venía la mano, la leyenda popular de los años ‘70 y sus
desaparecidos no podía terminar de otra manera que convertida en un
polvito para drogar el presente y que el presente ande tonto por la
calle, como quien marcha a apoyar a Aníbal Ibarra. Si cualquiera con
dos vasos de vino puede decir que el presente es lucha y el futuro es
nuestro; puede también –porque es barato y casi nadie se lo va a
reprochar o discutir– tomar un pedazo de película del pasado, editarla
como quiera y usarla con fines publicitarios para cualquier causa: una
justa, una injusta o una rara, rarísima, como es reclamar el indulto a
Ibarra después que 194 adolescentes murieran por varias causas
asociadas a él, una de las cuales, la más importante, es haber sido
negligente, el intendente, en la gestión de los organismos encargados
de controlar que la gente no se muera en masa y así nomás, en la ciudad.

Y así sigue.  Hoy, día de juicio.

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