Sábado de premudanza, con temperaturas bajo cero afuera y apenas sobre cero adentro, porque en nuestro adorable edificio de 1905 se congelaron las cañerías y entonces no hay agua en la cocina ni en dos de los tres radiadores. Pre-mudanza: nos mudamos el sábado que viene, a Brooklyn Heights, multiplicamos por dos nuestra cantida de pies cuadrados de superficie, a cambio de un incremento de menos del 20% en nuestro alquiler y del descenso de glamour que implica dejar de vivir en Manhattan, aunque estemos a apenas una estación de subte distancia y aunque Brooklyn Heights sea lo más parecido que puede haber a Manhattan en el resto del mundo: no importa, cruzar el río es una herida indescifrable pero real, de ahí el salto en el precio de los alquileres. La gente que vive en Manhattan, cuando pone su dirección, cierra diciendo: "New York, NY". Los que viven-vivimos en Brooklyn, ponemos: "Brooklyn, NY", que es parecido pero no es lo mismo. No nos importa, estamos muy contentos de irnos a Brooklyn, porque dejaremos de chocarnos en casa ante cualquier movimiento inesperado y porque Brooklyn es el barrio de la gente como nosotros; nuestros amigos ya están todos, o casi todos, allá.
Entonces, armando cajas hoy, todo el día. Mientras escribo esto, 19 cajas a mi izquierda, doce de ellas llenas de libros, suben apiladas la mitad de la distancia hasta el techo. Me sentía raro hoy escribiendo con un marcador bordó cosas como "Fragile", o "CDs + other stuff", instrucciones para los mudadores, cuyo precio no voy a decir por vergüenza, pero sí que si vivieran en Argentina tendrían que pagar impuesto a las ganancias sólo con lo que ganan en una tarde.
Pocos libros míos, los que acumulé en este año y medio desde que me mudé; los de Irina, variadísimos, en ruso, en inglés, en francés, en castellano. Hay libros que duran poco: la obligué a tirar a la basura Stupid White Men, de Michael Moore, ya no sirve para nada, un libro con fecha de vencimiento. Lo mismo con un paperback de Harry Potter y otros similares.
Yo no tengo problemas en tirar todo, estas mudanzas son muy buenas para limpiarnos a nosotros mismos, sacarnos de encima esos kilos de cosas que creemos que sirven para algo, que nos completan o nos describen, pero que en el fondo no hacen más que desenfocarnos. Una vez, en 1999, tuve que mudarme en Madrid de una casa a otra y me sorprendí a mí mismo no siendo capaz de llenar la única valija que tenía. Lo racionalicé negativamente, con varios "no puede ser", cabezazos contra la pared, "tengo que empezar a echar raíces en algún lado", "al final los objetos, por más triviales que sean, te dan una estructura". Un poco de razón tenía, pero me quedó la costumbre, y sigo prefiriendo viajar liviano. Tiré a la basura hoy montones de revistas, y páginas viejas, y cosas lindas pero que se pueden encontrar en Internet; tiré camisas, dos suéteres, un par de zapatillas, varias remeras. Las llevamos al Ejército de Salvación, que queda a dos cuadras; alguien comprará todo por 20 dólares o menos.
Entre las carpetas encontré un papelito de un recorte de diario, que por el diseño me di cuenta que eran los últimos dos párrafos de una columna en El País. Maravillas de Google, puse una de las oraciones en el buscador y encontré la columna entera, del 14 de octubre de 2004, la última vez que estuve en Madrid. ¿Por qué recorté ese cachito de papel, me lo guardé, lo subí a un avión y hoy, más de un año después, vuelve a estar disponible? No lo sé. Sigo estando de acuerdo con la frase, de todas maneras. Es una columna de Josep Ramoneda, que se puede leer acá. El papelito, que me dispongo a tirar dentro de un minuto, después de inmortalizarlo para siempre con este acto de publicación instantánea, dice lo siguiente:

"Fueron fieles a los ideales que abrazaron", ha
hecho escribir el ministro [español de Defensa, José] Bono en el texto de homenaje a los que
dieron la vida por España. Es el viejo mito de raíz religiosa de la
coherencia y la autenticidad en la creencia. Como si la fidelidad a los
ideales convirtiera en moralmente irreprochable cualquier acción que se
hiciera en su nombre. Julio Caro Baroja tiene una clarificadora
definición de ideales: "Simplificación de las ideas conforme a una
especie de esquema maniqueo según el cual el Bien está de su parte, y
el Mal está al otro lado y defendiendo el Bien se puede llegar a todo.
Al robo, al secuestro y al asesinato". Cuidado con los ideales. Queman.

Eso. Cuidado con los ideales. Y cuidado con las mudanzas, que son una oportunidad única para hacernos más libres, para flotar, arrancarnos las cadenas del mito de la acumulación de pavadas. También son unas hinchapelotas las mudanzas, sobre todo si uno, como yo, vive en un sexto piso sin ascensor.

Advertisements
1 comment
  1. R said:

    Y cuidado con obligar a los demás a tirar libros, aunque sean nefastos.