Grageas oficialistas. Ana Gerschenson escribe un perfil-entrevista de Alberto Fernández en la revista Debate que, si no tuviera dos o tres quotes interesantes del propio Fernández, sería ilegible. Ay, este último párrafo, emocionado y poeta:

Tanta ansiedad no le impide [a Fernández] seguir escribiendo poemas, cantando con
su guitarra y releyendo los versos de Walt Whitman. En su mesa de luz
también está La era del vacío, de Gilles Lipovetsky. El libro habla del
posmodernismo y de la exacerbación del individualismo en el que se
sumergió la sociedad, y de cómo el principio de seducción sustituyó a
la convicción. El  individualismo  versus  lo  colectivo.
Y ésa
es la palabra que guía por estos días al proyecto político de Alberto
Fernández. Ser el candidato más kirchnerista, el más cercano al
Presidente en la ciudad de Buenos Aires. Y arriesgarse a que esa sola
condición sea suficiente para ganar en tan sólo un año.

Fernández leyendo a Lipovetsky, cuatro modas intelectuales más tarde. Lipovetsky, un ex conservador que ahora es menos conservador —ha dejado de pronosticar apocalipsis inminentes—, es de una ochentosidad, de un early menemismo, que enternece. Cómo nos emocionábamos y nos indignábamos en la facultad  leyendo a Lipovetsky. Nos sentíamos mejores personas, indignados por el declive de la moral. Como Alberto Fernández, pero antes, y adolescentes.

[ Update: Lipovetsky no tiene entrada propia en Wikipedia ni en castellano —el idioma en el que más éxito ha tenido, con mucha diferencia— ni en francés ni en inglés. Se refuerza entonces el ochentismo de Alberto Fernández: bigote, Argentinos Juniors y Lipovetsky, todos fenómenos en declive desde hace 20 años. ]

Otra gragea, en versión salvoconducto ideológico. Para compensar sus sociedades de ayer con los enemigos de hoy, el jefe de Gabinete recuerda cuál era el mensaje en su contestador automático, en la misma época que, supuestamente, votaba a Bordón-Chacho:

“En esta casa no se reciben mensajes de funcionarios corruptos,
sindicalistas oportunistas y si usted es un militar indultado corte ya,
porque nos sentiríamos más tranquilos si estuviera preso…”

Pobre Alberto, tienendo que hacer todavía estas declaraciones de fe, después de casi tres años en la Casa Rosada, como si la comisaría política lo tuviera amenazado. Qué cansancio.

4 comments
  1. mariano said:

    “Se refuerza entonces el ochentismo de Alberto Fernández: bigote, Argentinos Juniors y Lipovetsky, todos fenómenos en declive desde hace 20 años”. Excelente observación.

  2. gogo said:

    Te envidio la ternura que te provoca esa imagen del Alberto, íntima y “early menemista”, en serio. Excelente post.

  3. Se entiende que Moyano y Barrionuevo nunca dejaron una palabra en el contestador de Alberto Fernández… en la época en que ese mensaje estaba vigente. ¿Cuál es el mensaje ahora?

  4. Alberto, en su grisura, es un gran personaje. Seguramente su contestador ahora dirá otras cosas. Menos ideológicas, probablemente.