Todos los equipos de fútbol dicen que los árbitros juegan para el contrario, y todas las ideologías protestan porque dicen que la prensa es hincha del equipo rival. Siempre ha sido así: los grupos de izquierda patalean porque los periodistas defienden al establishment, y los de derecha dicen que las redacciones están infestadas de progresistas demagogos. Los dos grupos tienen algo de razón —un diario es una empresa que, a medida que su estructura corporativa se va haciendo más sofisticada se va enamorando de sus colegas: otras grandes empresas; las redacciones están, en efecto, compuestas por personas que en una abrumadora mayoría se ubican a la izquierda del centro del arco ideológico—, y el paisaje final a mí no me parece del todo desolador: la fuerza corporativa de los diarios empuja a las redacciones a la realpolitik y la fuerza protestona de las redacciones mantiene vivo al diario, evitando que sus accionistas lo transformen en un house organ.
Lo que seguro no ocurre es esto que dice Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, que sigue insistiendo con sus petardos (entrevista en Hecho en Buenos Aires, tomado del DsD -ver bien abajo-):

Todos [los medios] difunden esta idea de que el neoliberalismo es
bueno para todo: las privatizaciones, la apertura de las fronteras, la
idea de que hay que reducir al Estado, los impuestos y las tasas,
desaparecer sindicatos, privatizar la salud y la escuela y todo el
sistema cultural; que la cultura no debe ser ayudada por el Estado,
etc. Todas estas ideas, que son los 10 mandamientos de la
globalización, están defendidas por todas estas corporaciones.

Basta de victimismo: Ramonet sabe que el discurso más habitual en la mayoría de los temas de su lista está de su lado, y no del de los malos.

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