Uno de mis géneros periodísticos favoritos desde que vivo en Estados Unidos es la columna de consejos sentimentales, que en América Latina sufre un inmerecido desprestigio. Dos o tres veces les sugerí a editores de diarios que publicaran correos sentimentales, pero nunca me hicieron caso: se rieron, desde la montaña de ego del periodismo político (una montaña desde la que no se ve casi nada), pero creyeron que me estaba haciendo el gracioso. Incluso me ofrecí a escribirlas, por una módica suma, con un seudónimo tipo "Doctora Gruner responde", o "Mr. Luna" o "Consultorio de Jack" o cualquier cosa así (antes se me ocurrían mejores nombres). Pero nada: los diarios siguen creyendo que la gente compra los diarios por las primicias políticas (que dan credibilidad, marca, robustez o influencia, pero, repito, no venden diarios: un diario también es un mundo, un guiño, una biblia, una forma de ver la vida, un sentimiento, una decisión irracional: no sólo, y cada vez menos,  una "fuente de información para la toma de decisiones").
    En fin, lo que quería decir era que una de mis consejeras favoritas había sido siempre Dear Prudence, escrita en Slate durante mucho tiempo, hasta hace un par de semanas, por una mujer llamada, o que se hacía llamar, Margo Howard. La Prudie de Howard era una mujer de unos cincuenta años, canchera e irónica pero también cálida, que trataba de no empujar demasiado a la gente a tomar decisiones apuradas. La nueva Prudie, Emily Yoffe, sin embargo, cambió por completo el perfil, y creo que me gusta menos. No lo sé, pero miren esta respuesta de hoy (es la segunda pregunta) a una mina que se está por casar con un tipo que parece un pelotudo pero uno nunca sabe:

From your description, you are about to marry a man you can’t stand,
who is coping the best he can with an anxiety disorder for which you
have no sympathy. You can’t even bring yourself to say you enjoy his
music. Break off the engagement, and let him find a music lover with
more heart.

¡Rompé el compromiso! Nunca me anima a decir una cosa así, ni siquiera a un amigo. Sigo, de todas maneras, ofreciéndome para escribir correos sentimentales por (lo repito, como para que no queden dudas) una módica suma. Con el tiempo uno va tomando coraje y se va soltando.

1 comment
  1. Mariache said:

    Pero Prudence tiene toda la razón, en el fondo y en la forma, imagínate qué mujer esa, que no te deja ni tocar un rato la guitarra porque necesita que estés pendiente de ella a todas horas, sin descanso, un vampiro, un agujero negro que se traga todo y siempre quiere más, yo creo que la respuesta estuvo suave, y que queda claramente de manifiesto que el problema lo tiene ella, que se apunte a una terapia, carajo, que reciba (previo pago) atención absoluta e incondicional del psicólogo (una hora o dos a la semana).
    Y a mí también me encantaría escribir una columna de esas.
    Bueno, besos,
    M.