Poncho-folk | TP

A mi señora se le ocurrió el otro día que no estábamos teniendo mucha
vida cultural, así que se sentó en la computadora y en diez minutos
sacó entradas para media docena de espectáculos. El primero fue, la
semana pasada, Bajofondo Tango Club en el Allen Room del Lincoln
Center, que no está en el Lincoln Center sino en el décimo piso del
edificio de TimeWarner, esquina suroeste de Central Park. Como mi mujer
baila tango y yo soy argentino, suponíamos que Bajofondo iba a ser un
espectáculo a la medida de ambos pero, como casi todas las cosas que
están a mitad de camino, no emocionó a ninguno de los dos. Santaolalla,
en un extraño gesto heavy metal, tocaba su guitarra modernosa con los
ojos y la boca bien abiertos, mirando fijo al violinista, un pelilargo
de gran sonrisa y flaco como un grisín; las canciones estaban buenas
pero se parecían todas un poco. Bajofondo es tan cool, tan frío, que es
casi imposible entusiasmarse, aún teniéndolos enfrente: daban ganas de
pedirse un martini y ponerse a charlar con el de al lado…

[ el texto completo, en Los Trabajos Prácticos ]

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