Escribo, aún aturdido por la siesta, en Boston, ciudad gris y blanca, en la tarde-noche de Navidad. Esperando a los hijos de Mary-Louise, la novia de Ben, a quienes no conozco y que vienen a comer en un rato; otra comida con semi-desconocidos y desconocidos, el esfuerzo natural al principio y algo forzado más tarde por tener un espíritu navideño.

Caminando hoy por los parques de Cambridge, las canchas de beisbol salpicadas de nieve, las parejas de padre e hijo arrojando pelotas a perros negros. Escuchando la buena versión de Fabiana Cantilo de Amanece en la ruta. Fumando un cigarrillo arrebatado a la policía conyugal. Sintiéndome un poco como Saúl, el médico judío de Vivir afuera, que vivió en y se hartó de Boston. Escuchando el hielo de las veredas crujir bajo mis botas. Cansado de la Navidad, esa mezcla de aburrimiento y buenas intenciones. No me quejo: sólo apunto el océano entre las expectativas y los resultados.

Mañana volvemos a New York. Empieza para mí una semana auto-otorgada de vacaciones. Tengo planeado ponerme al día con cosas, categoría difusa de motivaciones que incluye a este blog, al que no le vendrá mal una repasada.

Feliz Navidad para todos. De 2006, el mejor año de nuestras vidas, nos ocuparemos la semana que viene.

1 comment
  1. Mauricio said:

    Felices fiestas.