La semana pasada vimos con I. los 22 episodios de las dos primeras temporadas de Entourage, once horas que distribuimos en cuatro tardes-noches. La primera tamporada la alquilamos; la segunda, 14 episodios, la bajé con Limewire. La serie es buenísima: tiene personajes, tiene humor, tiene verdad. En el último episodio, Ari Gold, el agente de Vinny Chase —la estrella de Hollywood que es, con sus amigos del barrio, el protagonista del programa—, está sentado, derrotado y humillado, en el viejo Mustang de su asistente, un chinito gay a quien ha insultado y despreciado media temporada. Gold (Jeremy Piven) es uno de los personajes más divertidos del año: malvado, gracioso, imparable, campeón del one-liner hiriente y tierno al mismo tiempo. En la escena, Ari está ahí, al borde de las lágrimas, despedido de su trabajo, a punto de dejar de ser "el hombre más influyente de Hollywood", ninguneado por sus empleados, un poco arrepentido de haber sido un hijo de puta, pero no lo sabe.
    ¿Qué hace un guionista con una situación así? Las mejores soluciones, casi siempre, son irracionales. No hay gran redención de Ari, pero sí hay una canción. Cuando ya no sabemos qué carajo puede pasar, empieza a salir del estéreo del auto For once in my life (MP3, 2,7MB), de Stevie Wonder, una canción genial, alegre y desesperada al mismo tiempo. Ari se pone a cantarla, a gritarla; sale la mujer indignada, se pone a bailar con ella. Ari es, gracias a Stevie Wonder, un poco menos hijo de puta.
    Me encantan las canciones en las películas. Me gustaría hacer una película con personajes escuchando y cantando canciones, solos, mientras se visten a la mañana, mientras están parados en el tráfico, mientras está haciendo el luto de una relación que acaba de terminar, mientras hacen la cola de un banco, mientras pasean al perro, tirados en el sillón fumando un pucho. Gente cantando canciones y sintiéndose un poquito mejor.

[ Reporto efectos nulos de la huelga de subtes y bondis sobre mi vida cotidiana. Mi radio de acción, los días normales, es de cuatro cuadras. Hoy podría haber sido distinto, porque me tuve que ir a hacer la medición biométrica —huellas digitales, foto del iris— para el permiso de trabajo, pero el lugar quedaba a seis cuadras de casa.  ]

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