En estos días de Halloween, en los que me paseé por la ciudad con una peluca afro y unos anteojos de sol blancos de $6,95, rodeado de hombres vestidos de mujer y de mujeres vestidas de policía y enfermeras, apenas pude dedicarle tiempo al gordo ejemplar por los 50 años del Village Voice. Acá lo tengo ahora, a las dos de la mañana, mientras en Christopher Street todavía vocifera la fiesta callejera, los megáfonos de la policía piden a la multitud gay o gay-friendly que circulen o se vayan a sus casas y todos esos sonidos se cuelan por el aire acondicionado y nos hacen bastante difícil dormir. El Village Voice; 250 páginas, 100 tapas de todos los años, las primeras columnas de Norman Mailer, que puso 10.000 dólares para fundar la revista, su columna cascarrabias renunciando porque los correctores le inventaban palabras. Dos notas en la tapa del 17 de julio de 1978; "Hunting gays in Central Park — Interviews with the victims" y una foto de Daniel Alberto Passarella con tres kilos de oro en las manos, subido a los hombros de un bigotón anónimo, el atardecer del Monumental y una nota de Paul Gardner: "World Cup Soccer: The Agony of the Feet". Títulos maravillosos: "Yuppies: piranhas or pariahs?" (Abril 1985), "Deep Brando" (1973, título de la reseña de Último Tango…), "Rudy deflowers New York" (1999), "Run, Beatniks, Run! To Mecca, 1960" (Junio 1960). Las primeras apariciones de Bob Dylan, John Waters, Andy Warhol, Mick Jagger, Patti Smith, Basquiat. Siempre en primera persona, soportando dueños extraños —¡el Voice fue de Murdoch durante ocho años, hasta 1985! "Guess who’s paying for dinner: Rupert Murdoch buys the Voice", tituló el diarito en tapa el 10 de enero de 1977—, muriendo y resucitando todo el tiempo, aguantando desde siempre las acusaciones de haberse vendido: inventando, o casi, la crítica de rock, de teatro off, de cine político. La crítica de Allen Ginsberg sobre The Dharma Bums, de Kerouac (Noviembre 1958): "Jack is very concerned with the rhythm of his sentences, he enjoys that like he enjoys jazz, Buddhism, Bach or Shakespeare, of whom he remarks: genius is funny". Ahora el Voice es de un fondo con siglas que pertence a otro fondo con siglas que pertenece a unos europeos con siglas de unos fondos de inversión y unas familias que nadie conoce. Es gratis, nadie le da mucha bola y hace equilibrio lo mejor que puede, cayendo a veces en el periodismo de denuncia amargado y otras en el celebrity-cult de sus competidoras más finas. Es estoica y entrañable en su izquierdismo algo pasado de moda pero genuino y bienintencionado. "Antes éramos aventureros. Ahora somos más aburridos, pero tenemos un fabuloso seguro médico y otro de retiro. No es fácil decir qué es mejor", dice un editor que lleva 40 años en el diario. Qué es mejor; o la alta y triste posibilidad de que quienes daríamos un brazo por viajar en el tiempo hasta 1968 en New York o París nos diéramos cuenta de que allí entonces también la vida era sobre todo una cosa muy normal. Como dice Fabián Casas, la fiesta siempre está en otra parte.

2 comments
  1. Hola, Hernán. Comienzo a leer las páginas que has subido de tu novela. Por otra parte este artículo sobre el Village Voice me gustó bastante. Yo batallo mucho para conseguir los números. La biblioteca de la embajada de EU está increíblemente desactualizada, puedes encontrar tres o cuatro libros de Bellow, mil dvds sobre los presidentes norteamericanos y un nutrido stand de revistas que no cuenta con las que más me gustan. Una pena. Como sea me voy a leer esta tarde las páginas de tu novela.

  2. Hernanii said:

    gracias mauricio. espero que te guste! una de las mejores cosas de vivir en ny son las revistas, sin dudas.