Hernanii en Perfil

El Capote de Hoffman
Hernán Iglesias
Illa*

En Nueva York,
octubre confirma el fin del verano y, también, el regreso de las buenas
películas al cine, después de los tres meses anuales de “colonización
blockbuster”. Una de las primeras en
llegar fue Capote, la tierna,
desesperante e incómoda película que describe los cinco años que tardó Truman
Capote en escribir A Sangre Fría, la
“novela de no-ficción” que cambiaría el periodismo y la literatura
estadounidenses de los sesenta. El concepto lo inventa el propio Capote en la
película; le preguntan qué es ese libro misterioso que está escribiendo, y los
labios de Philip Seymour Hoffman dicen, con deliciosa pedantería: “Non-fiction novel”, y se queda mirando a
sus interlocutores, whisky y cigarrillo en cada mano, satisfecho con su invento
y su caradurismo.

   Capote
es una película con detalles perfectos, dilemas
periodísticos sutiles y actuales –Capote se pasa dos años esperando y
desesperando la ejecución de su fuente-amigo-asesino para así por fin poder
publicar el libro– y, sobre todo, una actuación, la de Philip Seymour Hoffman,
que es para recordar.
   Los críticos
dicen que una buena actuación es cuando el actor se hace invisible y sólo vemos
el personaje: aquí, sin embargo, hay escenas –los vanidosos monólogos sociales,
las hipócritas y sinceras conversaciones en la celda del asesino, el exacto
acento sureño-gay— en las que uno se da cuenta de que hay alguien actuando
fenomenalmente, y que eso, esta vez, es algo bueno. Cuando Capote llega a Kansas
a investigar la muerte de la familia Clutter, está vestido con un abrigo de
piel y una bufanda de Bergdorf-Goodman demasiado modernos para la pacatería
local. La mañana siguiente, en el lobby del hotel, con traje y corbata negros,
Hoffman da una vueltita, como si fuera una modelo, frente a su asistente (una
gris pero perfecta Catherine Keener), y el gesto revela, con humor y ternura,
toda la vitalidad y vulnerabilidad del personaje.
   Hoffman, que se
hizo famoso con personajes patéticos, sexualmente fracasados (Boogie Nights, Magnolia, Happiness),
junta su propia historia y la desparrama en Capote:
su Truman debe pesar treinta kilos más que el original, pero eso no nos
importa.

*Desde Nueva
York.

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