Rollo Tomasi, hundido en la Biblioteca del Congreso, intenta terminar su doctorado y desempolva  para nosotros —literalmente, no en la gastada metáfora que ustedes creían haber leído: yo no
uso, por lo menos inténtolo, lugares comunes ni metáforas gastadas ni verbos funcionarios: yo, Orwell—, desempolva mi amigo, decía —era todo sanata: más bien que no "desempolva" literalmente, ¡está todo en microfilm! ¡O por lo menos debería!; es que quería poner a Orwell, que siempre queda como raro: los progres lo miran con desconfianza y la derecha cree que es amigo porque el chancho-jefe-malo de Animal Farm tenía acento ruso—, desempolva, por tercera vez, los diarios de sesiones del Congreso de la década del noventa del diecinueve. En esa época teníamos de presidente de la Cámara de Diputados a Lucio V Mansilla, escritor dandy y oligarca irónico de los que ya no quedan: los pocos oligarcas aún vivos sobreactúan su seriedad. Lucio V decía cosas como ésta, en 1891, supuesto año de calamidades y pilotos de tormenta. Me dieron ganas de volver a fumar:

Permítame, señor! permítame
señor! Todo hombre civilizado fuma. Solamente las naciones bárbaras no
fuman […] El pueblo argentino, si quiere elevar su espíritu hasta las
alturas, es necesario que mire sus ideales en los globulillos del humo
del tabaco. (Risas). En las
tribus aborígenes del Africa y la Australia ¿qué tabaco se consume?
Esos no fuman! Buen tabaco, buena civilización. Mucho tabaco – mucho
buen humor. Tabaco barato – pueblo libre. (Risas) Sí, señor!

[ Orwell y Mansilla, uno asceta, el otro borracho. La vida del contrera es solitaria. Hay que aprender a bancársela. ]

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