Chau Jim

Hace un par de sábados fuimos con I. a ver Broken Flowers, la última película de Jim Jarmusch. La vimos en el Angelika Film Center, un cine del Village que pasa cine independiente y cuyos parroquianos y atmósfera general se parecen mucho a la de los cines Alphaville, Princesa y alrededores, en Madrid, y a la de los cines estatales y los que empiezan o empezaban con ‘L’ en la avenida Corrientes, en Buenos Aires. Larga cola para entrar a la sala y sensación general en el público de códigos estéticos compartidos: una vaga pedantería a la que minutos después excitaría Jarmusch en su por momentos despreciable nueva película.
Al principio de la película, Bill Murray visita a Sharon Stone y a su hija, una adolescente que se llama Lolita y que se pasea en bolas por el living. Sharon Stone y su hija viven en algún lugar del Medio Oeste y son fanáticas del Nascar, la versión local del Turismo Carretera y que en New York es sinónimo de provincianismo y de votantes de Bush. En un chiste muy previsible, que vemos venir desde lejos, Bill Murray dice, sobre el nombre de Lolita: "Interesting choice of names". Jaja. La platea del Angelika se ríe a carcajadas, y se ríe, básicamente, de la satisfacción que les provoca que la ignorante de Sharon Stone y su hija no sepan quién es Lolita, y que nosotros, sofisticados pajarones del cine independiente, sí lo sepamos. A partir de ahí, Murray continuará paseando su muy poco interesante personaje –un tipo aburrido y desencantado, en la misma onda deadpan que ya hizo exactamente igual en Lost in Translation y en Rushmore–, siempre odiando a sus ex novias de hace 20 años, todas estereotipos norteamericanos: la tonta Nascar, la aburrida de clase media-alta que vive en una McMansion, la loca new age lesbiana y la hillbilly que vive en una cabaña mugrienta. La película odia a todas.
No sé, siento que me estoy cansando de que para ser "canchero" haya que ser un amargo. Viendo a Jarmusch hace diez años nos sentíamos interesantes y sofisticados porque además eran películas con algo de carnadura o festejo detrás, como en Down by Law, Noche en la tierra o Ghost Dog, las que más me gustan, donde no había necesidad de despreciar a nadie. En aquellos años, el cinismo era todavía algo interesante, pero ya no [Todas estas sensaciones se potenciaron días más tarde, cuando volví a ver El Hombre Elefante, de David Lynch, y me volví a emocionar igual que la primera vez, hace mil años]. O por lo menos no para mí: no quiero seguir a Jarmusch si me sigue pidiendo que admire a un tipo como el personaje de Bill Murray y que me burle de las mujeres o de las personas que no saben quién es Lolita. Buen viaje, Jim, yo me bajo acá. [Ja, parezco Saramago con Fidel]

4 comments
  1. f said:

    a los que miran a tinelli, a nico y a susana se los puede seguir despreciando?

  2. Hernanii said:

    más bien que no, porque en ese caso yo, y muchos, deberíamos despreciar a nuestras madres o amigos. live and let live (otra vez).

  3. f said:

    pero entonces “no vale despreciar”? se puede despreciar y dejar vivir. nadie habló de matar a nadie, aunque no sería mala idea…

  4. Hernanii said:

    Es difícil, tampoco sé si lo tengo tan claro. Podés sentirte superior a determinadas personas si querés, y si íntimamente creés que te lo merecés; pero hacer películas desde el desprecio me parece de resentido.