Houellebecq y la masa grasa

Michel Houellebecq se burla de los periodistas —"Me gustan los grandes grupos", dijo, mientras firma su contrato con un gigante editorial— y Eduardo Febbro y los editores de Página/12 reaccionan exactamente como quiere Houellebecq: se indignan. La nota del corresponsal parisino sobre la nueva novela de Houellebecq tiene tantos lugares comunes y es tan conservadora culturalmente que no me queda más remedio que hundir este blog en los pantanos desagradecidos de la política y la crítica literaria. Todo mezclado, porque eso es lo que hace Radar: pegarle donde menos le duele a un escritor al que detestan porque vende millones y apoyó la guerra de Irak.
        Lo triste es que después de dos años en los que las únicas
noticias ‘espectaculares’ desde el mundo editorial  fueron las del
Código Da Vinci o Harry Potter, ahora que el runrún es por un libro de literatura, la mitad del periodismo cultural se niega a ver la polémica literaria,
que viene desde hace años y es jugosa, linda, con mil lugares para entrarle, e insiste con las amargadas y resentidas cifras de los contratos.
París se agarra de los pelos por culpa de un escritor —no de un futbolista, una Spice
Girl o el ganador de un reality— y tampoco nos gusta. Ah,
los bisnietos de Adorno: la masa es grasa. Y el escándalo de las
cifras: esa emoción del asceta guevarista, la pureza del pobre, la
corrupción de los "hombres de corbata y grandes negocios" de la editorial. Este que sigue es el corazón  moral de la nota. Los corchetes, más bien, son míos:

"Lo más desmoralizador para las letras es corroborar que en torno de un
autor se han creado no ya clanes literarios sino industriales [Extrapolación literaria, sin otras referencias en la nota]. A los 47
años, Houellebecq es el autor francés contemporáneo más traducido y ello explica mucho el juego de intereses [¿? ¿Por qué?]. Los argumentos se
financian con millones de dólares [metáfora, cero valor argumental] y operaciones de mercado que nada
tienen que ver con el mundo del libro, con su luz todavía
milagrosamente viva, pese a todo. [Lloriqueo. Y de milagro nada: el ‘mundo del libro’ francés vive bien, y porque es innovador, peleón y porque los franceses leen los libros que ellos publican.] ¿Cómo explicar si no que un autor
joven y vivo tenga ya una
biografía?" [47 años, digo, ya no es tan joven]

Febbro se desmoraliza con un slogan atrás de otro, sentimiento sobre sentimiento, enojadísimo siempre. Live and let live, muchachos.

[Humor: Febbro cita a un crítico —"Houellebecq se muestra superior a todos los escritores norteamericanos"— y después comenta, con fina ironía antiimperialista: "Qué elogio". Ah, claro, los yanquis: popcorn, grasa.]

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